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¿Una reelección cantada?

EL PROCURADOR ALEJANDRO ORdóñez manifestó estar sorprendido porque fuera la Corte Suprema de Justicia el organismo que lo incluyera como candidato en la terna para repetir período a la cabeza de la Procuraduría.

01 de septiembre de 2012 – 06:00 p. m.

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Lo sorpresivo, en realidad, es que Ordóñez diga esto. Que lo ternara esta Corte —que no es la misma, lamentablemente, a la que estábamos acostumbrados hace unos años— era predecible. Su afinidad con los nuevos magistrados es evidente.

Es predecible, también, que el procurador repita período pese a que algunas voces de la sociedad civil pataleen (a veces con mucha razón) para que no continúe. Vergonzoso que los políticos acepten, como ya lo han hecho, que “así funciona la política”, con elecciones cantadas y ternas de uno. Como si la democracia y el control entre los poderes públicos fueran un mal chiste y no una realidad noble que tenemos que poner por norte. Así las cosas, como resuena en los pasillos, todo indica que tendremos procurador Ordóñez para rato. Deplorable que esta elección sea un asunto cuyo futuro sepamos de antemano.

Lo que más se respira en todo este ambiente es temor reverencial. Por un lado, en el Congreso. Parece como si nuestros representantes quisieran tener un funcionario público que no los moleste y no un hombre serio que esté al tanto de todas las movidas disciplinarias que ellos efectúan. Y no es que Ordóñez no lo sea, pero tanta acogida dentro del Legislativo genera reservas lógicas. La política, idealmente, no es un juego de favores sino un servicio honorable despegado de ese tipo de concesiones.

El segundo punto que despierta rechazo es el fuerte rumor de que los puestos se negocian en el interior de la Procuraduría y que algunos —verbigracias quienes lo han ternado y también sus electores— se han visto beneficiados con ellos.

A lo anterior se debe sumar la nociva práctica de la reelección de las personas en los cargos públicos. La creencia errada de que los hombres están por encima de las instituciones. No es así. Esa mentalidad nos lleva a pensar que sólo puede haber una persona disponible para regir el destino de una corporación, cuando la fe debería estar en la existencia de la misma. El procurador Ordóñez ya hizo suficiente desde su cargo.

Y no siempre para bien. Porque sus profundas convicciones religiosas, absolutamente respetables en su fuero interno pero cuestionables cuando comprometen —como han comprometido— las actuaciones del Ministerio Público, han terminado por vulnerar derechos y normativas constitucionales en temas como el aborto o la adopción por parte de parejas homosexuales. Ya es hora de que se refresque esta institución con una persona nueva, con las convicciones ideológicas y morales que fueren, pero respetuosa de los acuerdos a los que ha llegado la sociedad en sus avances.

Es cierto que aún falta saber quiénes serán los otros candidatos para integrar la terna que el Senado deberá elegir para poder afirmar que no hay esa posibilidad de renovación. El Consejo de Estado ha hecho una convocatoria pública para escoger a su candidato entre quienes se inscriban abiertamente. El que falta, aún en la incertidumbre, es el presidente Juan Manuel Santos.

En él, tal parece, reposa la última esperanza. Puede el presidente agachar la cabeza ante el poder del procurador Ordóñez, entregándole la elección con un candidato cualquiera y evitarse así problemas con quien con seguridad será elegido. Pero puede también dar la pelea, nominar a un candidato de primer nivel para el cargo e invertir un capital político por la renovación y las libertades. Valdría la pena que lo intentara.

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