Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Hillary Clinton y su fórmula vicepresidencial, Tim Kaine —senador por el estado de Virginia—, serán investidos oficialmente como la carta demócrata para mantener la Casa Blanca. De Kaine sobresalen tres características esenciales en el remate de campaña: viene de un estado sin una filiación política clara (swing state), es parte del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y habla español. Lo aprendió este idioma luego de un voluntariado en Honduras, al que llegó en 1980 de la mano de los jesuitas. Fue el primer congresista en dar un discurso en español en el Congreso. Como gobernador fue un claro contradictor de la pena de muerte, en uno de los estados con mayores registros. No obstante, jamás se opuso a una ejecución. De esta época, aún se recuerda con dolor la masacre en el campus de Virginia Tech en 2007, que dejó 32 muertos. Como es de esperar, Kaine promueve restricciones a las armas de fuego, especialmente las de guerra. Virginia, donde jamás perdió una elección, es la sede de la Asociación Nacional del Rifle, lo que muestra una de las grandes batallas de su carrera política, pues allí se reafirmó como uno de los grandes contradictores de ese poderoso cabildeo.
Clinton había contemplado otros nombres:Thomas Pérez, secretario de Trabajo, quien se habría convertido en el primer hispano con esa designación; Cory Brooker, senador de Nueva Jersey, afroamericano en igual condición que Pérez, y Elizabeth Warren, de quien se pensó que sería la fórmula. Esta última se vio enfrascada en una polémica en 2012, por supuestamente haber asegurado tener un origen indígena sin fundamento, acusación que ha rechazado. Por ese hecho, Donald Trump la llama “Pocahontas”.
La elección de Kaine significa una reconciliación con un sector importante del electorado y un mensaje de fortaleza y unidad, en medio de una campaña llena de insultos del lado de Trump. Otro aspecto importante de Kaine se relaciona con la política exterior y de seguridad. A pesar de ser partidario de dotar al Ejecutivo de poderes especiales, para luchar contra el Estado Islámico, se ha opuesto vehementemente al envío de tropas al terreno. Una postura determinante en las últimas presidenciales, marcadas por las desastrosas experiencias militares en Oriente Medio. Se sabe de la importancia de esta decisión y de la necesidad imperiosa de que el Partido Demócrata consiga una fórmula de unidad para derrotar a un candidato que no sólo desafía los valores de ese colectivo político, sino los principios fundacionales de Estados Unidos. Es, ante todo, una señal de prudencia.
* Profesor U. del Rosario.