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Un pueblo que opta inteligentemente por la paz después de décadas de enfrentamiento auto-destructor merece la admiración y el apoyo de todo el mundo.
Es verdaderamente sorprendente que la opinión decidida a acoger y aprobar el acuerdo final de las conversaciones en La Habana entre Gobierno y FARC-EP esté creciendo significativamente según diferentes y sucesivas encuestas.
Sorprendente porque este ha sido un proceso poblado de todos los obstáculos imaginables: comunicado deficientemente, sometido a los sobresaltos de darse en medio del conflicto, prolongado en el tiempo más allá de lo previsto inicialmente, afectado por el rezago de otras expresiones insurgentes, con vacilación en un sector importante de la fuerza pública, con serias discrepancias en las cabezas de los poderes públicos, con una enorme carga de confusión generada desde algunos de los grandes medios de comunicación, sometido a la acción de una oposición implacable, asediado por otros factores colaterales originados en la economía, contexto internacional, agitación social y, rebosando la copa, el gobierno que persiste a pesar de todo en el buen camino de la paz política, atraviesa períodos de profunda depresión en su credibilidad. Gobierno, además, poco coherente con la causa de la paz porque al tiempo que pacta acuerdos progresivos, desarrolla políticas y monta un andamiaje normativo en contravía de los acuerdos.
El único factor que no ha dejado de pesar a favor del proceso es el apoyo de la comunidad internacional, países y organismos supranacionales; variable positiva en la cual es preciso apoyarse para compensar las difíciles condiciones en el ámbito nacional.
Los hechos son tozudos, se dice. Pues en este proceso de paz eso sí que se está cumpliendo porque es la persistencia de las partes en continuar las conversaciones, solo interrumpidas por crisis que supieron superarse, y su decisión de no levantarse de la mesa lo que se ha constituido en la gran pedagogía para generar confianza en que el proceso puede terminar bien. Persistir contra viento y marea se está mostrando productivo y lo que hoy se advierte es que, no obstante los enormes obstáculos que subsisten, el país se inclinará mayoritariamente a ratificar los acuerdos en el plebiscito impidiendo, como algunos quieren, que la rueda de la historia se detenga o aún se devuelva.
El hecho es que hoy, facilitado por el fallo favorable de la Corte Constitucional que es acogido plenamente por las partes como se convino el 23 de junio, está en gestación un enorme movimiento ciudadano, social y popular por el SÍ A LA PAZ en el plebiscito y en la vida cotidiana de cada colombiano y cada colombiana en todos los rincones del país. Aquí también juega la capacidad de asombro: son centenares las iniciativas, pequeñas y grandes, que surgen todos los días en las regiones y en Bogotá para explicar, persuadir, invitar al voto afirmativo a favor de los acuerdos con las FARC y a favor de que se abra la mesa con el ELN y terminen volviéndose uno solo los dos procesos.
Otro hecho notable: los acuerdos toman el color de la equidad de género y las mujeres aparecen en primera línea de la acción por una paz transformadora. Otro más: la paz gana espacio en el corazón y la mente de los jóvenes lo cual se traduce en la fuerza que toma el SÍ en las redes sociales y en la acción callejera. El conflicto tuvo asiento en el campo, el triunfo de la paz el día del plebiscito se producirá en las ciudades. No serán solo cuatro, serán muchos millones más los que voten SÍ A LA PAZ.
@luisisandoval