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Ha estallado la paz

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Una carta sobre el plebiscito.

Ha estallado la paz

Que se sepa, hasta ahora, en el mundo ningún acuerdo para finalizar un conflicto ha tenido el 100% de aprobación de una sociedad nacional. Primero, porque está elaborado por humanos y, como tal, no será posible la perfección ni en términos relativos, mucho menos absolutos. Por tanto, esos acuerdos imperfectos siempre serán susceptibles de mejorarse o transformarse en el camino, es la condición del ser humano y, como nos lo dijo García Márquez, de la cuna a la tumba, es decir, toda la vida debemos buscar la perfección. Imposible presentar unos acuerdos perfectos, así los hayan estudiado hasta el fondo. Y con toda su imperfección, ¡bienvenidos!

Segundo, porque siempre existirá un sector que no va a compartir una decisión consensuada entre las partes. Desde luego, es mucho más cómodo estar de ese lado que ponerse en los zapatos de quienes, mutuamente, tienen que escuchar sandeces, bestialidades y también verdades y realidades, hasta llegar a un punto común que les ha permitido avanzar, justo al momento que estamos viviendo. ¡Gracias a la vida por ese momento!… Ese mérito lo tienen los equipos negociadores y el resultado, francamente, es más que alentador. Al principio parecía que en un año las cosas iban a resultar, quizás a la brava, y no fue así. Casi nos hacen perder la esperanza porque el tiempo pasaba y, peor aún, las declaraciones de parte y parte fueron desconcertantes. Y sin embargo, los colombianos de bien tuvimos que aprender que un asunto tan complejo, con tanta raíz, con tantos intereses, debía hacerse despacio y con buena letra.

Y por fin… ha estallado la paz, están todas condiciones para que como ciudadanos refrendemos esos inmensos esfuerzos para que Colombia empiece su nuevo caminar hacia la consolidación de una sociedad pacífica, donde las nuevas generaciones conozcan estos horrores a través de la historia, quizá por testimonio de su familia, amigos y vecinos, y que les parezca que es imposible volver a esos escenarios. Es cuestión de conciencia. Y por lo menos de mi parte, no quiero que mi conciencia me reclame por qué no participé en la refrendación, por qué negué esta brillante oportunidad, por qué sobrepuse el orgullo al bien común. Los años que el dios de la vida me regale, quiero que sean llenos de esperanza, de entusiasmo, de despegue de proyectos y de gratitud por quienes se atrevieron a jugársela por estos nuevos procesos, lo cual incluye no sólo al presidente de hoy, el más atrevido, el más convencido, el que aprendió las lecciones, sino a todos sus antecesores que también quisieron jugársela y que dejaron en el camino, con sus errores, excelentes enseñanzas. Reitero un colombianísimo SÍ.

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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