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Con excepción de los expertos en inteligencia artificial (IA), resulta difícil para el resto de los humanos imaginarnos un mundo en el que los algoritmos y no las percepciones naturales definan nuestros gustos sensoriales.
Pero ojo: dicha tendencia está comenzando a tomar cuerpo.
Esta semana, el vespertino londinense Evening Standard publicó un revelador artículo sobre la elaboración de un portafolio de cervezas hecho mediante algoritmos tomados de las preferencias expresadas por los consumidores.
La marca de esta nueva generación de bebidas fermentadas es, justamente, AI (Artificial Intelligence), cuyo propósito es lograr “el vaso de cerveza perfecto”. Así lo han expresado sus dos jóvenes creadores, Hew Leith y Rob McInerney, de intelligenceX (iX) Brewing Co.
La actual selección de iX, representada por cuatro gamas —Dorada (Gold), Ámbar (Amber), Rubia Suave (Pale) y Negra (Black)—, ya supera once evoluciones frente a cada una de las recetas propuestas inicialmente.
Estas actualizaciones, sin embargo, se someten a la aprobación de un maestro cervecero para garantizar que las sugerencias de los clientes no sólo se hagan realidad, sino que contribuyan al mejoramiento continuo de las cervezas.
Leith y McInerney explican que para elaborar sus bebidas de categoría prémium utilizan un complejo juego de algoritmos basados en la retroalimentación de sus clientes. Con los datos aportados y procesados por el sistema, se programa cada nuevo lote. Debido a que la compañía reacciona casi de inmediato a la retroalimentación de los consumidores, iX prepara cervezas a una velocidad que ningún otro productor puede igualar. “A mayor información, más y mejores cervezas”, dicen.
Como la disponibilidad de inventario es limitada, los interesados deben entrar al portal oficial y, tras inscribir su dirección de correo electrónico, solicitar una degustación.
Sus creadores aseguran que, además de la cerveza, el método puede replicarse en segmentos como los del café, el cacao y la perfumería.
Lo más cerca que ha logrado llegar el vino en términos de IA es el proyecto del profesor Tristan Fletcher, del University College de Londres, quien ha propuesto poner en marcha un sistema de algoritmos para pronosticar el precio futuro de los vinos de colección.
Hasta ahora, el sector ha dependido de pruebas hechas por expertos degustadores, quienes, después de analizar sensorialmente el sorbo de un vino duro y tánico, anticipan cuál puede ser su estado y valor futuro.
En cambio, el sistema de Fletcher se vale de algoritmos progresivos para hacer pronósticos más precisos y fiables, sin necesidad de llevarse el vino a la boca.
Quizás nunca sea posible que una máquina, cargada de algoritmos, exprese las sensaciones producidas por un vino, más allá de indicar los compuestos químicos presentes en el líquido.
Como dice el escritor de vinos Jamie Goode, la experiencia sensorial de una copa de vino exige un estado de percepción y conciencia logrado solamente a lo largo de una experiencia de vida.
Según Goode, nacemos con una serie de módulos mentales que se enriquecen a medida que nos hacemos adultos.
“Para que la inteligencia artificial sea capaz de apreciar un vino, resulta preciso llegar a un punto en que sus percepciones se desarrollen a lo largo del tiempo, como lo hace un bebé antes de llegar a la edad adulta”. De modo que, por ahora, tranquilos, antes que la robótica comience a hacer de las suyas.