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Esto se debe, en parte, a los constantes enfrentamientos entre el presidente de la República, Juan Manuel Santos, y su antecesor, Álvaro Uribe Vélez. Sus posiciones han logrado extrapolarse a debates sobre la gestión pública del país y de esa forma se han generado unas poderosas disyuntivas. Así, por ejemplo, últimamente todos nos hemos situado ante preguntas como estas: ¿Diálogo para solucionar el conflicto armado o guerra contra el terrorismo? ¿Despenalización de la dosis mínima o penalización al consumidor? ¿Relaciones con los países vecinos o mantenimiento de la distancia frente a conductas que no nos gusten de ellos? Y así.
A esas posiciones dominantes, que a veces se traducen en apoyar a Santos o a Uribe —porque tienden a personalizarse demasiado—, es a las que quieren salirles al paso algunos miembros de la política colombiana que se reunieron la semana pasada en Medellín en el encuentro “Pedimos la palabra”.
El nombre es bastante significativo y logra su cometido: se trata de personajes que, cansados de que la palabra la tengan siempre los mismos, piden un espacio para formular una propuesta distinta. Aún no han llegado a un acuerdo sólido sobre su naturaleza, no saben, por ejemplo, si convertirse en movimiento político o social. Eso estará por definirse.
En su mayoría son disidentes. Del Partido Liberal, como Cecilia López o Iván Marulanda; del Partido Verde, como Ángela María Robledo o Antanas Mockus; del Polo Democrático, como Antonio Navarro Wolff o Carlos Vicente de Roux. Y aunque su espectro político (así como el ideológico) es bastante amplio, todos parecen tener en mente una propuesta de centro que pueda recolectar las distintas experiencias por las que cada uno ha pasado. Así se definen al menos.
La meta común no solamente es tomar la palabra para sentar una posición distinta a las dos que están imperando por estos días, sino también hacer una apología y práctica de la política decente: la representación de unos intereses que sean llevados a cabo en conjunto con la ciudadanía y para su beneficio. Todas estas consideraciones que se tuvieron en cuenta, recuerdan un poco el movimiento de la ‘ola verde’ que en su momento hizo pensar a muchos que Mockus llegaría a la Presidencia con facilidad. Son unos ideales similares, que muchas veces coinciden con la preeminencia de la Constitución de 1991.
Por ahora los integrantes del grupo dicen que recorrerán el país en busca de distintas voces, de diferentes visiones sobre Colombia y de generar unos aprendizajes con la ciudadanía. Es posible que en un futuro quieran presentar un candidato que rompa con la polarización, ya que ésta, de seguro, se mantendrá hasta las siguientes elecciones.
Al margen de que todo esto suene muy lindo (y de que lo sea, también), no deja de ser positiva la creación de nuevos movimientos con ideologías precisas y fines políticos coherentes. Una democracia como la nuestra necesita que se formen espacios de opinión dentro de un espectro bastante amplio. Y mejor si éstos son serios y llegan al nivel político. El ciudadano (de cualquier clase y posición política) necesita una representación efectiva.
Así como creemos que la creación del Puro Centro Democrático es útil, ya que ayuda a depurar el mapa político, creando un partido de derecha (y tal vez sirva también para organizar a los indecisos miembros del Partido de la U), apoyamos cada iniciativa que sea de este estilo y que busque ubicar movimientos de centro, de derecha o de izquierda.
La democracia y la institucionalidad se perfeccionan en la medida en que haya partidos fuertes. Así que este puede ser un comienzo. Ojalá sigan dando pasos e inspiren y den ejemplo para otras personas pertenecientes a otros rincones del pensamiento.