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La carta que envió el presidente Juan Manuel Santos a Alvaro Uribe Vélez en la cual le invita a hacer parte de un nuevo país, es para Uribe una propuesta incompleta puesto que el ex presidente pide una sanción más drástica para la guerrilla, es decir cárcel.
Esto es entendible pues el pensamiento de ambos es opuesto en términos de cómo y a qué precio se obtendría la paz. ¿Lograrán estar juntos en torno a tan importante asunto en algún momento? Uribe respondió que parecería inútil invitar a un diálogo para notificar lo ya resuelto. Pero se olvida que en la mesa dijeron que nada está acordado hasta que todo este acordado. Es decir, podría involucrarse en el proceso.
En las ciudades no se ven las víctimas, en los pueblos sí. Es por eso que desde una situación cómoda se puede pensar que el precio de la paz es muy alto, pero como no a todos nos toca ver los muertos, o que se lleven un hijo a la guerra, se tiende a pensar así. La visión política de la derecha es necesario entenderla, los “paras” no solamente pagaron cárcel, ya que Uribe extraditó a muchos de ellos.
¿Dónde está todo el dinero de las FARC? No van a aportar a ningún fin sus fortunas obtenidas del narcotráfico y ese dinero mal habido puede comprar nuevas armas, es decir, la dejación de las armas sirve como voto de confianza, pero no los amarra en una decisión política a futuro en caso de que la democracia no les guste o no les sirva. El caso de Granda es bastante diciente, él debe saber en dónde tienen enterradas varias caletas y no dirá dónde están si no lo liberan, ¿o acaso no tiene EEUU más presos de esa guerrilla? Parte del proyecto consiste en que los ex guerrilleros trabajen el campo, pero para que esto sea una realidad falta mucho tiempo, aún no se cuenta con una infraestructura adecuada para transportar los productos entre el campo y las ciudades, adicionalmente, no están acostumbrados a trabajar el campo y menos a esperar con paciencia a que crezcan los sembrados.
Es apenas natural que existan diferentes partidos y tendencias, así es la democracia, todos debemos ser representados. Ya sin guerra, se podrá vivir en un país diferente, no sin conflictos. No es extraño para nada que el frente primero dijera que no está con la paz, pues quienes aún no son ricos no quieren dejar el negocio, lo que es entendible. Pasarán a ser delincuencia común y ya sin esa guerrilla será más fácil combatirlos.
Santos dijo en su carta que había que “Liderar con el ejemplo,” si ellos no hacen las paces, muy mal ejemplo darán al país que está harto de vivir en conflicto. Fácil no es para ninguno, pero es algo que tienen que hacer, pues de lo contrario pasarán a ser parte del pasado y ambos quieren influir sobre el futuro de Colombia. Se vislumbra fácil pero es difícil; es necesario reinventarse luego de la paz, a todos los partidos les cambiarán las reglas del juego y tendrán que pensar en cómo influir sobre la ejecución de los acuerdos firmados. No es que les guste o no, es que les tocará aceptarlo y punto. Juan Manuel Santos ya dio el primer paso, tiene que insistir y persistir para lograr el objetivo, pues entiende que es raro hacer la paz con un grupo insurgente y estar de pelea con un expresidente de quien además fue su ministro.
La premisa mayor en esta negociación, es que nada está acordado hasta que todo esté acordado, en ese sentido Uribe si puede aportar al proceso, pero están en lugares bien distantes y parece ser que así se mantendrán por ahora, pues vienen de caminos y escuelas diferentes. La paz se logrará aun cuando existan fuertes diferencias entre Uribe y Santos. El país cambiará y a ellos que se han atacado mutuamente, les llegó la hora de perdonar y entender que los ciudadanos cambiarán el “chip” de la guerra por el de la paz. y no van estar dispuestos a seguir viéndolos enfrentados.