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Una sencilla y práctica explicación de las formas y tamaños de los recipientes del vino.
Todos asumimos que el vino siempre se ha envasado en una botella. Esto es parcialmente cierto si nuestra memoria sólo abarca hasta el siglo XVII, cuando Inglaterra desarrolló la técnica adecuada para producir, en grandes volúmenes, recipientes de vidrio huecos y resistentes. Antes de ese período el vino se mantenía en toneles o barriles de madera y sólo se transvasaba a vasijas de barro, cerámica o vidrio al momento de servirlo en la mesa.
Las primeras botellas de vidrio se elaboraron hace más de 3.500 años, en Egipto. La técnica de elaboración sólo vino a mejorar en el siglo I antes de Cristo, cuando un artesano de Tiro y Sidón (actual Líbano) introdujo la técnica del soplado a través de un tubo. La vecina Siria llegó a ser el más grande productor de botellas de vidrio en la antigüedad. Pero a comienzos de la Nueva Era los romanos adoptaron las mismas técnicas e inundaron a Italia y a todas las provincias europeas con estos recipientes.
Inicialmente, las botellas de vidrio fueron cuadradas y rectangulares. Con la caída de Constantinopla, en el siglo XIII, los gobernantes de Venecia contrataron técnicos turcos y griegos para que continuaran la tradición.
Pero sólo fue en el siglo XVI cuando se dieron los primeros pasos para llegar a la botella actual. Durante algún tiempo, las vasijas usadas para el vino tenían forma de balón y no eran prácticas para transportarlas en largos viajes. El diseño de la botella cilíndrica para el vino fue introducido por los portugueses y luego copiado por todos los países productores. Lo más importantes es que permitió, por primera vez, acostar la botella, facilitando su guarda y su transporte.
Inicialmente, los envases del vino se taparon con tacos de madera, envueltos en un lino impregnado de aceite de oliva. Luego se ideó una masa de cera y aceite de oliva, utilizada a manera de cierre hermético. Aunque en los últimos años de la República Romana empezó a utilizarse el corcho, este sistema de cierre se abandonó posteriormente y su utilización se limitó para tapar frascos de medicinas. El corcho provenía —y aún proviene— de la provincia de Lusitania, hoy Portugal.
A partir del siglo XV, el corcho volvió a ponerse de moda hasta que en el siglo XVII su uso se convirtió en un estándar, ofreciendo un cierre efectivo contra el aire, considerado uno de los enemigos clásicos del vino por su acción oxidativa. Hoy, sin embargo, se han impuesto los tapones sintéticos y los sistemas de tapa rosca, los cuales, a pesar de la oposición de ciertos consumidores tradicionalistas, son los más seguros porque evitan la posibilidad de contaminación por corcho. Este defecto lo genera un compuesto conocido como tricloroanisol, que produce un olor desagradable a humedad. Entre el 5% y el 10% de los vinos tapados con corcho presentan esta anomalía y deben desecharse.
En el siglo XVII, igualmente, los ingleses se dedicaron a mejorar la resistencia de la botella y, en el proceso, cambiaron la coloración del vidrio, predominando los tonos oscuros. Aunque se pensó que se trataba de un defecto, pronto se estableció que los colores verdes y cafés oscuros ayudaban a bloquear los rayos ultravioleta, causantes de otros defectos en el vino. Desde entonces, las tonalidades oscuras han primado en la elaboración de las botellas, si bien es cierto que algunos productores utilizan envases transparentes para los vinos blancos como forma de apreciar la calidad y el estado de la bebida.
Otra característica destacada es la forma de las botellas. La más clásica es la tipo Burdeos, cilíndrica y con hombros. La tipo Borgoña es recta y sin silueta. Y, finalmente está la tipo caramañola, de forma redondeada, muy utilizada por los bodegueros italianos.
En cuanto a la estructura, las botellas de espumante presentan mayor espesor y una base más ancha. La idea es evitar posibles explosiones como consecuencia del gas carbónico atrapado en su interior. Igual peso y grosor ofrecen las botellas de algunos vinos de alta gama y elevado precio. La idea es protegerlos contra golpes accidentales. En estos casos, el peso del envase puede superar un kilo. Igualmente, los tamaños varían, aunque el más utilizado es el de 0,750 litros. Si bien es cierto que la botella sigue siendo el envase preferido por las casas vitivinícolas, se han introducido, en los últimos tiempos botellas de plástico y latas de aluminio. A pesar de la mirada desaprobatoria de los aficionados más clásicos, son recipientes para otro tipo de cliente, otro nivel de precio y otras ocasiones de consumo. En esencia, no obligan a tener descorchadores ni copas.
El hoyuelo en la botella
Decenas de expertos tejen numerosas teorías, pero ninguna ha logrado generar el consenso suficiente para calmar la curiosidad. Las disquisiciones incluyen: entre más profunda la hendidura, más fina la bebida; el hoyuelo es una barrera para impedir la circulación de sedimentos en los vinos no filtrados o añejos; es el vestigio de la vieja técnica de soplado de la botella; es una forma de incrementar la resistencia del envase y ayudar a mantenerlo estable; es un recurso para que la botella se vea más grande. Es un sistema para facilitar el vertido en la copa mediante la introducción del pulgar. Aunque todos estos argumentos tienen algo de validez, ninguno constituye una explicación contundente al dilema.
Vino recomendado
Casa Lapostolle
Cuvée Alexandre
Cabernet Sauvignon
2005 Colchagua, Chile
Bodega situada en uno de los valles más apetecidos de Chile, propiedad de la familia Marnier Lapostolle, dueña de la casa de destilados franceses Grand Marnier. El vino es rojo oscuro y profundo, ofrece sensaciones intensas y complejas en nariz y boca, es terso y amable. Deja un gusto placentero al final. Perfecto para platos complejos. Importa: Inverleoka.