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Los productores prefieren conservar el producto que quebrar el precio.
En los últimos meses el petróleo se salió de toda previsión. El alza de los precios de los combustibles agrava las crisis financiera y recesiva de Estados Unidos y acentúa su transmisión al mundo.
Por lo general, las predicciones del petróleo se han realizado dentro del análisis de oferta y demanda. En los últimos años el aumento de la demanda ha superado sistemáticamente la oferta mundial que es determinada por el cartel de la producción, la OPEP. El diagnóstico de los libros de texto de que la oferta mundial es inelástica en el corto plazo y elástica en el largo plazo, que se validó en la década de los 80, dejó de cumplirse.
Luego de varios años de aumento sistemático de los precios, la oferta no ha respondido para revertir la tendencia. Por el contrario, las alzas de precios dan lugar a alzas cada vez mayores.
El comportamiento irregular no es ajeno a la especulación. Las expectativas de que los precios continuarán subiendo, elevan el valor de las acciones de las empresas y las cotizaciones de las ventas futuras. De hecho, constituyen un estímulo para mantener las reservas y valorizarlas, e incluso descuidar la producción, como ha sucedido en México y Venezuela. Los productores prefieren conservar el producto que quebrar el precio, en el entendido de que otros actúan de la misma manera y la OPEP lo consolida.
En esta área el equipo económico tampoco sale bien librado en el ejercicio de anticipar el futuro. La venta del 10% de Ecopetrol se valoró con un precio de US$55 el barril y en el momento en que se abrió la venta ascendía a US$90.
Como lo dijimos en su oportunidad, el patrimonio nacional se entregó a una reducida cúpula a la mitad de su valor. Lo más grave es que la venta ha creado grandes distorsiones. Los inversionistas de la bolsa se han desplazado de las empresas tradicionales para adquirir las acciones de Ecopetrol a un precio cada vez más alto. Se propicia una especie de enfermedad holandesa en que los ahorros empresariales se desplazan hacia el petróleo.
La respuesta oficial a los altos precios del petróleo ha sido desesperada. Los costos de producción del crudo en Colombia son muy inferiores a los precios internacionales. No hay ninguna razón para trasladar al público la totalidad de los precios internacionales. En el pasado, la diferencia la asumía Ecopetrol en la forma de menores utilidades.
En la actualidad, la operación se ve dificultada por la privatización de Ecopetrol y la decisión del Gobierno de asumir en el presupuesto nacional los subsidios al petróleo, definidos como la diferencia entre el precio internacional y el doméstico. La moderación de los precios domésticos ocasiona una erogación fiscal que precipita a elevar los impuestos y reprimir los consumos. Como sucede con las privatizaciones, la ganancia rentística de los compradores corre por cuenta del ciudadano raso.
La propuesta de reducir el consumo mediante la extensión del pico y placa todo el día, y a la totalidad del país, contrasta con la decisión reciente de bajar los gravámenes para las camionetas de alto cilindraje y los carros lujosos. De seguro, la liberación del espacio público induciría a los sectores pudientes a comprar más automóviles.
La medida es claramente ineficaz, porque traslada el uso de la infraestructura vial de los vehículos de trabajo a los de consumo lujoso y no afecta mayormente la congestión. En cualquier caso, se trata de un tipo de decisión que debe ser adoptada por los municipios de acuerdo con sus realidades propias.
El balance del sector petrolero es insatisfactorio. Éste obtiene el 75% de la inversión petrolera, la elevación de los precios le significa a Ecopetrol utilidades anuales de más de US$4.000 millones y en la actualidad se está chupando la mayor parte del ahorro bursátil. Semejante concentración no deja de plantear dudas. Basta una mirada a los últimos doce años para advertir que los cuantiosos recursos que han ingresado al sector petrolero no han tenido una retribución en hallazgos, producción y divisas. La abultada inversión comprometida en el sector y su baja respuesta es una de las principales causas del déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos.
En fin, las dificultades con los precios del petróleo se originan en la baja respuesta a los estímulos económicos, el regalo del 10% de la empresa y la reducción de los aranceles a los automóviles de alto consumo. Resolver estos desatinos extendiendo el pico y placa a todos los municipios y elevando los impuestos es coger al toro por la cola. La solución sería ineficaz y claramente inequitativa e injusta.
Los problemas hay que resolverlos en donde se causan. Los esfuerzos deben orientarse a esclarecer las causas de la baja respuesta de la producción a los estímulos económicos y la inversión, revertir la decisión de bajar los gravámenes de las camionetas y automóviles lujosos, y crear las condiciones que permitan movilizar las utilidades de Ecopetrol para racionalizar los precios domésticos de los combustibles.