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PARA BIEN O PARA MAL, LOS HUMANOS nacemos con diferentes habilidades. Unos son buenos para hacer pan, otros para diseñar vestidos, otros cantan. Hay policías, sacerdotes, médicos, actores, ingenieros. También hay políticos.
En lugar de que todos hagamos de todo, o sea, que una misma persona haga pan, diseñe vestidos, cante, celebre misa, escriba novelas y vaya al Congreso, cada actividad por raticos, la sociedad funciona mejor y las gentes obtienen mayor bienestar si cada uno tiende a especializarse en lo que mejor hace y en lo que más le gusta. Por supuesto, hay personas a quienes les toca hacer cosas que no les gusta, por pobreza o porque el papá los obliga a estudiar derecho u odontología. Por las razones que sean, las personas terminan especializándose en un oficio. A esto se lo ha llamado la división del trabajo.
Así, cuando el trabajo se divide, se especializa, cada persona produce de un bien o servicio mucho más de lo que requiere de ese bien. Por ejemplo, un panadero produce mucho más pan del que él y su familia consumen. La diferencia entre lo que produce y lo que consume le permite comprar cosas que hacen otros, como zapatos, vestidos, carne o viajes. Lo que sucede con las personas y las familias también sucede con los municipios y las regiones. Tienden a especializarse en ciertas actividades. Por ejemplo, el municipio de Saldaña, en el Tolima, es un gran productor de arroz. Produce mucho más arroz del que consumen sus gentes y ese excedente lo intercambia por café de Chaparral y por miles de productos que vienen de otras partes. Si el panadero sólo horneara lo que consume su familia o si Saldaña sólo produjera la cantidad de arroz que consumen las gentes del municipio —su mercado interno— estarían renunciando a un enorme ingreso y, por lo tanto, a poder comprar muchas cosas. El panadero y las gentes de Saldaña serían pobres, posiblemente muy pobres. Aprovechar sus vocaciones y habilidades por medio del comercio les permite salir de la pobreza.
Eso que sucede con las personas, los municipios y las regiones, también pasa con los países. Los países tienen diferentes vocaciones y diferentes recursos productivos. Unos están en el trópico, otros en zonas templadas; unos tienen muchos minerales, otros un potencial agrícola. En determinado momento, unos tienen mucho capital físico y humano; otros tienen poco. Así, unos países tienen en abundancia recursos para producir bienes intensivos en energía y pueden estar cortos en productos agrícolas tropicales; otros pueden tener un gran potencial en bienes intensivos en mano de obra y estar cortos en bienes intensivos en tecnologías de la información.
Para poder aprovechar plenamente sus recursos abundantes, un país debe comerciar. Si piensa exclusivamente en el mercado interno, como Saldaña produciendo arroz sólo para el municipio, estaría posiblemente condenando a sus gentes a la pobreza. Todos los países capitalistas que hoy son calificados como desarrollados exportaron y exportan bienes y servicios producidos con sus recursos abundantes, ya sean naturales o autodesarrollados. Eso mismo están haciendo los países comunistas, como China y Vietnam, que han reducido espectacularmente la pobreza. No le tienen miedo ni a los mercados internacionales ni a la globalización ni a los TLC. ¿Por qué Colombia es aún pobre? Porque, infortunadamente, durante décadas, nuestros políticos y economistas, con la excepción del café, sólo pensaron en el mercado interno. Por acción o por omisión, bloquearon el desarrollo de centenares de productos y actividades para el mercado mundial. Fue como obligar al panadero a hornear sólo para él y para su familia. Para nadie más.