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Algo acontece en Rusia

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Dmitri Medvedev asumió como presidente de Rusia el pasado 7 de mayo en remplazo de Vladimir Putin. Algunos comentaristas, tanto en Rusia como en el exterior, coinciden en que Medvedev remplazó a Putin en su oficina, mas no en el poder, ya que las últimas decisiones le corresponderá tomarlas a Putin como primer ministro.

En 1990, tras la catástrofe que denunció la Perestroika, Rusia paso rápidamente de ser una potencia pobre a ser una Rusia fuera de control bajo Boris Yeltsin. Algunos comentaristas estadounidenses como Stratfor considera que los asesores extranjeros comparten la culpa del desorden generalizado, la corrupción rampante que se presentó bajo Yeltsin cuando trataron ellos de occidentalizar a Rusia en forma acelerada. Tan sólo al final del día se dieron cuenta que Rusia era diferente social, económica, ética y políticamente.

Rusia, sostiene Stratfor, siempre ha sido un país que oscila entre el más desbordado entusiasmo por Occidente y un enfermizo nacionalismo antioccidental, llamado la fase "eslavófila". La historia rusa está repleta de tales oscilaciones, las cuales se presentan cuando sus modelos fracasan. Esto se repite desde los tiempos de los zares y termina con un Iván el Terrible o con un José Stalin…

"Putin y Medvedev se ubican en el punto medio descrito en el párrafo anterior.  Responden a una reacción a los desastres de la era Yeltsin, al tiempo que tratan de crear un modelo de capitalismo semiestatal, en el cual predomina el Estado, sí, pero sin intentar controlar hasta los más pequeños detalles. Ni el terror de Stalin, ni el caos de Yeltsin. Pero su inclinación evidente apunta hacia más controles extremos y más nacionalismo extremo, comenta Stratfor".

Pero esta situación no es estable. La gran elevación de precios, tanto de la energía como la de numerosos minerales abundantes en Rusia, favorecen temporalmente su paz política interna. Pero esto puede durar entre uno y 20 años. A pesar de lo anterior, las instituciones de Rusia se consideran subdesarrolladas y con profundos problemas estructurales.

Por múltiples razones los rusos están decididos a seguir siendo una potencia militar de talla mundial, como lo demostraron el pasado primero de mayo en el desfile militar donde exhibieron sus cohetes capaces de penetrar las barreras antimisiles de los Estados Unidos. Y mientras más traten los Estados Unidos de contener la influencia rusa en Ucrania y Georgia, más rápido pasarán a la fase final de la “eslavofilia” aguda, y esto se aceleraría con Putin y Medvedev a la cabeza o sin ellos. El proceso se considera inexorable. Está en marcha. "Porque son ellos dos el resultado de la historia más que los gestores de la historia”, estiman los expertos.

La restauración de la esfera de influencia de Rusia, gracias a su buena situación económica,  no excluye que vuelvan de nuevo a crearles problemas a los Estados Unidos en Latinoamérica, como en efecto ya lo están haciendo al apoyar a Chávez y a sus amigos, con armas, tecnología militar… En esto consideramos que China se comporta de una manera más inteligente, al tratar de involucrarse en el capitalismo internacional, pero sin exportar ideologías ya superadas y sin contribuir al terrorismo. 

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