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Este año, la marcha de Orgullo Gay en Bogotá tuvo mucho que celebrar: los 25 años de la Constitución de 1991, el proceso de paz, la adopción para parejas del mismo sexo y sobre todo, la aprobación del matrimonio igualitario, convirtiéndonos en el país número 23 en el mundo de reconocerlo.
Las marchas rompieron records en muchas partes. “Madrid Orgullo” reunió a más de un millón y medio de personas. En Toronto, Justin Trudeau se convirtió en el primer primer ministro canadiense que participa en una marcha gay. En Nueva York, Hillary Clinton fue la primera candidata presidencial en USA de hacer lo mismo.
Cambios trascendentales están sucediendo aún en las instituciones históricamente más intolerantes. El Papa Francisco afirmó que la Iglesia Católica debe pedirle perdón a los homosexuales por haberlos marginado durante tantos siglos. El Pentágono decidió permitir que los transexuales puedan servir abiertamente en las fuerzas armadas.
Este año las marchas tuvieron un sentido especial luego de la masacre en el bar gay de Orlando, que despertó una reacción mundial sin precedentes. Hasta Putin envió condolencias. En la Florida, se generó un reencuentro de la tradicionalmente conservadora comunidad latina, de la cual provenía la mayoría de las víctimas, conmoviendo hasta a Marco Rubio, el senador derechista que jamás se había acercado a los LGBTI.
El gran apoyo universal evidenció lo mucho que se ha logrado en tan relativamente poco tiempo. El Presidente Obama proclamó como monumento nacional el Stonewall Inn, otro bar gay, lugar emblemático del nacimiento del movimiento en 1969, cuyo primer gran acierto fue apropiarse del término “gay”, que en inglés significa “alegre”, para reemplazar los apelativos discriminatorios con los cuales se solía referir a los y las homosexuales. Pronto la bandera del arco iris, símbolo de la diversidad sexual, empezó a ondear por el mundo entero.
Estos avances son el resultado de luchas, que han costado mucho, incluyendo muertos. Los crímenes de odio, como el de Orlando, también recuerdan lo muchísimo que aún falta. En 75 países del mundo, la mayoría en África y Asia, la homosexualidad es ilegal y en 12 de ellos, es castigada con la pena de muerte.
En Colombia, gracias a organizaciones como Colombia Diversa, los logros han sido grandes, en algunos casos aún mayores que en países como Noruega, que acaba de establecer el derecho de cambiar el sexo en la cédula, algo que aquí ya se había logrado. Santos es el primer presidente colombiano que ha nombrado personas abiertamente gay en su gabinete, hito progresista que, como otros, no se le reconoce. La destacada presencia de Claudia López y Angélica Lozano en el Congreso, así como la de Brigitte Baptiste en el Instituto von Humboldt, constituyen simbologías poderosas que educan a una sociedad tan goda como la nuestra.
Pero por mucho que se haya logrado, en Colombia también falta mucho, como nos lo indican personajes como Vivian Morales y Alejandro Ordóñez. Espero que este último, como buen católico, le pare bolas al Papa.
danielgarciapena@hotmail.com