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Frente al abismo

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Un hombre que ama las plateas vacías; una mujer a quien le predicen una muerte absurda; un navegante de la oscuridad del espacio en un relato de ciencia ficción; un niño que sigue buscando a su amigo de la infancia… Estos son apenas cuatro de los presupuestos de Exploradores del abismo, el más reciente libro de cuentos del escritor español Enrique Vila-Matas.

Con Vila-Matas comenzaba a ocurrirme lo que alguna vez sentí con Paul Auster: sus temas, deliberadamente literarios, y sus motivos recurrentes –el azar en primer plano–, me dejaban la sensación de que sus argumentos carecían de algo parecido a la humanidad. Que su prosa elegante estaba al servicio de la técnica y que sus personajes se acartonaban novela tras novela.

¿Cuál sería ahora la meta ficción de un escritor notable, perspicaz, que ha escrito libros grandiosos como Bartleby y compañía, París no se acaba nunca o El mal de Montano? Pues resulta que este libro surgió de un extrañamiento personal. Y quizá por ello, el resultado es un libro inmejorable, en el que los argumentos, por disparatados que parezcan, persiguen preguntas que nos hacemos a diario: ¿Qué hacemos cuando estamos frente al abismo? ¿Cuál es nuestra reacción si un buen día enfermamos y nos aferramos a la anormalidad como forma de vida? ¿Cómo podemos soportar la idea de tener un hijo inútil que nos manipula con argumentos descabellados? ¿Por qué amamos pretendiendo siempre estar en el lugar del otro?

Vila-Matas no responde a estas preguntas. No se trata de un curso acelerado para seres al borde de la desesperación. Es más bien la puesta en escena de una serie de situaciones y personajes que se debaten al filo de la navaja. En cada cuento, con una intensidad y una elegancia estilística admirables, los personajes nos enseñan que el abismo tan temido deja de serlo cuando estamos frente a el.

Como en el poema de Roberto Juarroz citado por Vila-Matas en el prólogo: “A veces parece / que estamos en el centro de la fiesta / Sin embargo / en el centro de la fiesta no hay nadie / En el centro de la fiesta está el vacío / Pero en el centro del vacío hay otra fiesta”.

No debe pensarse que se trata de un libro pesimista. De la enfermedad o del aburrimiento surgen seres enamorados del vacío, de la posibilidad misma de no abrigar demasiadas esperanzas. Aquí están, además de los abismados, los neuróticos, las histéricas, o los abúlicos, los personajes de un escritor que no ha renunciado a su búsqueda, a pesar de las dudas de las que hablé más arriba.  

ojoalahoj@yahoo.com

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