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La Habana, dos años después

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Este es el testimonio de una alta funcionaria de la ONU sobre el papel crucial de las víctimas en la negociación que está a punto de poner fin al conflicto armado.

Por: Belén Sanz*

El pasado jueves 23 de junio en La Habana, cuando se anunció el histórico acuerdo sobre cese bilateral de hostilidades y dejación de armas, era inevitable sentir no solo lo cerca que parece el fin de la guerra sino, también, todo lo que ha cambiado en esta negociación.

Mi primera visita a la Mesa de Conversaciones tuvo lugar hace casi dos años. Tuve el honor de formar parte del equipo de la ONU al que, junto a la Universidad Nacional y la Iglesia Católica, se le encomendó la difícil tarea de organizar las delegaciones a Cuba de las víctimas del conflicto.

La primera delegación de víctimas llegó el 16 de agosto de 2014 a la misma sala de protocolo de El Laguito donde el pasado jueves, en un acto excepcional de solidaridad internacional, el gobierno de Colombia y las FARC-EP, acompañados por el Secretario General y los presidentes del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General de la ONU, varios jefes de estado y altos dignatarios, anunciaron lo que puede considerarse el silencio de los fusiles después de medio siglo.

Hace dos años, cuando la primera delegación de 12 hombres y mujeres que sufrieron de forma directa los horrores de esta guerra llegó a La Habana, nadie sabía qué podría pasar en el momento en que estas personas de distintas etnias, condiciones e ideologías se encontraran cara a cara con los protagonistas del conflicto, qué reclamos harían a la Mesa y cómo afectaría esto el rumbo de las conversaciones.

El jueves 23 la sala era la misma. Pero el ambiente había cambiado notoriamente.

De aquella incertidumbre se había pasado a un sentimiento de deber y compromiso –de ambas partes– para poner fin a la guerra y evitar más sufrimiento. Este es un ingrediente fundamental para llegar a acuerdos en temas tan difíciles y trascendentales como este. Como lo dijo el Secretario General de la ONU, el camino recorrido en La Habana demuestra el valor de la perseverancia, el diálogo y la dignidad de quienes se reconocen como adversarios para dirimir las diferencias.

Estar en la sala de protocolo de El Laguito, me hizo vislumbrar el complejo camino recorrido por el gobierno y las FARC-EP para llegar a este punto. Hace dos años los testimonios y propuestas de las víctimas pusieron de manifiesto el tremendo impacto de la guerra y las cicatrices que esta ha dejado. Fui testigo de su clamor para poner fin a la confrontación armada. Y de la dignidad, la capacidad de perdón y de reconciliación de quienes más han sufrido por la guerra.

La participación de las víctimas en este proceso es histórica. No solo porque nunca habían sido escuchadas sus voces en un proceso de paz, sino porque han tenido un impacto profundo en la Mesa. Fue la valentía de las víctimas, sus narraciones de atrocidades y dolor, pero, sobre todo, su esperanza las que lograron que la desconfianza y los temores dieran paso a la humanidad. Adicional a las víctimas, hay que reconocer el papel extraordinario jugado por las mujeres, no solo las que viajaron a La Habana en un hecho sin precedentes, sino por miles de mujeres y sus organizaciones, que han contribuido a visibilizar los efectos de la guerra y han sido motores incansables en la búsqueda de la paz.

Tengo la convicción de que el acuerdo de cese de hostilidades, dejación de armas y refrendación tiene mucho que ver con esta participación. Al escuchar al presidente Santos y al comandante Timoleón Jiménez, sentí que no daban ese paso en nombre propio sino de todos los colombianos y colombianas que por años han añorado vivir en un país en paz.

El fin del conflicto armado no es la solución a todos los problemas de Colombia. El camino hacia la paz será largo y difícil. Pero este acuerdo es un paso trascendental para soñar una Colombia posible. Eso se debe, en gran parte, a las víctimas.

Desde Naciones Unidas seguiremos acompañando a Colombia en este camino.

*Coordinadora Residente (e) de las Naciones Unidas en Colombia

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