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App, aula de clase y sociedad

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Poder seguir en línea los hechos diarios de la educación sería un buen paso.

 «A la baja el aburrimiento en las aulas. Por quinto día consecutivo, son más los estudiantes de grados 10 y 11 que recibieron clases cautivantes».  «En febrero, grado noveno aprendió y discutió sobre la Independencia de Colombia». «Al cierre del segundo periodo. Boyacá, con el menor número de días de clase perdidos». Titulares de prensa como estos no se pueden hacer hoy, pero podríamos tenerlos en poco tiempo con una inversión del MinTIC y el MEN, a través de Computadores para Educar, ayudados por una conversación con Fecode.

Una aplicación para móviles que le permita al docente marcar, en menos de un minuto, la clase que acaba de dictar u orientar, en opciones de grado, asignatura, tema curricular y percepción del aprendizaje. El sistema tendría los datos básicos del docente y el establecimiento educativo, tomados al descargarse la app, más la fecha y la hora automáticos de la encuesta o marcación de la clase. La base de datos  de la app se pondría en línea para consulta abierta con una interfaz gráfica que muestre agregados por entidad territorial, institución educativa, jornada, grado y asignatura.  Sería como una ‘interfaz’ en tiempo real entre la educación y la sociedad.

Los alumnos de la media tendrían una app similar para marcar Cautivante, Aburrido, tema curricular, No hubo clase.
Por diversas razones, el uso de la app tendría que ser voluntario con incentivos en el sector oficial. La razón más obvia es que no todos los docentes de básica y media utilizan teléfonos inteligentes. La segunda se relaciona con los incentivos: dar puntos en la evaluación anual de desempeño por el uso de la app, en principio les importará a los regidos por el Decreto-Ley 1278 de 2002, es decir, a alrededor de 140.000 de los 320.000 maestros oficiales, y a los 20.000 que entren por el concurso docente anunciado (que ojalá termine en este periodo). En todo caso, muchos más que los 20 mil que han recibido tabletas de Computadores para Educar, sin contar a los miles del 2277 de 1979 que están a la vanguardia.

El uso de la app, simple y rápido, sumaría puntos en la evaluación de desempeño como evidencia en las competencias del área de gestión académica: dominio curricular, planeación y organización académica, pedagogía y didáctica, y evaluación del aprendizaje. También en la competencia de interacción con comunidad y entorno, y hasta en la comportamental de compromiso social e institucional. No usar la app no quitaría puntos; las cosas seguirían formalmente igual en la evaluación de esos docentes. Habría que explicarle esto a Fecode para que no lidere la satanización de la aplicación.

Lo que cambiaría un tanto sería el ambiente interno y externo de la evaluación. Adentro de la institución educativa, especialmente en la básica secundaria y la media, la app sería una herramienta cuestionadora de un relajamiento ético en el aula observable en muchos colegios: docentes y alumnos acuerdan que no haya clase, estando en el salón aparentando que sí, que es la versión extrema de no hacer bien la clase. Muy probablemente, los docentes que usen la app obtendrían mayores puntajes en aquellas instituciones en las que no exista la tendencia a que el rector consiente auto-evaluaciones de casi 100 sobre 100.

El ambiente externo cambiaría porque habría más control social, periodístico y gubernamental de los hechos básicos de la educación en las instituciones que la imparten: que sí haya clases, los contenidos estándares, la calidad pedagógica. Difícilmente sería una fotografía total, pero que sea parcial (dentro del sector oficial) no le quitaría su enorme utilidad. Si los colegios privados ‘alentaran’ contractualmente a sus docentes a usar la app, sin duda que la sociedad se beneficiaría mucho más de esta posible aplicación de las TIC. 

La buena noticia para los maestros preocupados por esta idea de app es que en Colombia resulta muy raro que el gobierno implemente algo que alguien le dice por la prensa, así ese algo tenga consenso (que no es el caso). Ahí está, por ejemplo, el clamor de garantizar que los bachilleres tengan un conocimiento básico de la historia colombiana. @DanielMeraV  

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