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Lionel Messi volvió a fracasar en su intento de darle a Argentina un título. La pelota esquiva y casquivana castigó al mejor jugador del mundo y se fue directo a la estratosfera para recordarle a Leo y a todos los habitantes de este mundo que no hay nada perfecto y que inclusive los elegidos dependen del designio divino para triunfar.
Habituado a ganarlo todo en su club, Messi sabe bien lo que es fracasar en la selección de su país. Argentina no vence nada importante en el fútbol desde 1993, cuando doblegó a México en la Copa América de Ecuador. Los albicelestes han hecho de perder su verbo favorito y han caído en cuanta competición intervienen. La última seguidilla, un Mundial y dos Copas América, reiteran que una maldición se ha apoderado del balompié argentino, sumido hoy en profunda crisis dirigencial y en vergonzante estado de tristeza por una nueva derrota.
Dicen que todo hombre se labra su destino, y en el caso de Argentina, toda selección construye sus fracasos o victorias. Messi unió su nombre ganador en el Barça a apellidos malditos que no han ganado nada. Asociarse con Martino puede ser la peor decisión de la vida de Lionel. El Tata es un indigente de la suerte y lleva tres derrotas consecutivas en finales de Copa América. Un mendigante de éxitos, un huérfano de ideas para aprovechar en su mayor esplendor a Lionel Messi. Con el Barcelona, lo abandonó a su suerte, y en un año infame impidió que el elenco azulgrana ganara alguna competición.
Después en la albiceleste repitió la faena y su doble fracaso debería llevarlo a un adiós definitivo. Martino es tan triste en su cara como en su concepción del juego.
Messi es un superdotado, pero requiere de un ecosistema especial en la parte táctica para poder desplegar su talento. A Messi hay que rodearlo e inmunizarlo contra vigilancias cerradas, contra “jaulas” tácticas con doblajes de marca. Ni en el Barcelona ni en Argentina el tal Tata diseñó algún plan que le permitiera a Lionel encontrar socios a su alrededor para poder generar fútbol. Y cuando Leo saltó la primera, la segunda y hasta la tercera encerrona, un tal Higuaín se encargó de despilfarrar opciones nacidas de la bota mágica de Messi. Cómo añoró Messi en esos momentos a Etoo, Pedro, Suárez, Xavi, Iniesta, a todos los que se han hecho celebres a su lado remachando su tarea creativa, poniéndole colofón a su gestión.
En la noche final de la Copa América, Messi fue más humano que nunca. Encerrado por los cuidados tácticos de una aplicada y celosa selección chilena, entendió que los hombres destinados a perder no tendrán una cuarta oportunidad sobre la tierra.