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Bogotá cerró esta semana su título de Capital Mundial del Libro y a la vez el evento internacional de Corferias, que durante trece días dominó el ambiente cultural de la ciudad, con amplia resonancia en el resto del país y el exterior.
Esta etapa intensísima de la letra de imprenta en su máxima expresión, que es el libro, ha servido para contrarrestar el ambiente tensionante de las crisis narcoterroristas y poliparamilitares.
En un año Bogotá ha tenido el mayor crecimiento en su industria impresora y comercializadora de libros. Gran parte de esa oleada editorial es referente a nuestra ciudad. Nunca antes hubo un surtido igual con novelas, historia, imágenes o costumbrismo, la mayoría con despliegues de originalidad en temas y alta calidad de diseño y lenguaje. Sin duda este año se enriquecieron todas las bibliotecas particulares bogotanas con obras cercanas al propio interés por la ciudad.
En mi caso, se agregó a la colección de obras esenciales de consulta una de tamaño y calidad excepcionales: El Atlas de Bogotá, editado por Planeta, con patrocinio de la Corporación La Candelaria y de entidades del Distrito en tres volúmenes: el primero, de 570 páginas, con fotos, gráficos e historia entre 1538 y 1910, a cargo de Alberto Escovar, Margarita Mariño y César Peña. El segundo y el tercer volúmenes, la Cartografía, de 1791 al 2007, con reproducciones y mapas del desarrollo de la ciudad en esa etapa, a cargo de Marcela Cuéllar Sánchez y Germán Mejía Pavony.
‘LA CIUDAD DE IS’. Otra obra que nos llamó la atención fue La ciudad de Is, editada por la Casa Silva con un compendio de escritos del ex ministro de Educación Daniel Arango, que se destacó por sus obras literarias y filosóficas en la época del grupo Piedra y Cielo.
Is fue una ciudad mitológica, sepultada por el mar, que se supone sigue proyectando vibraciones y voces de otro mundo. En ese tema se reúnen ensayos y notas de juventud de Daniel Arango. En una columna sobre Porfirio Barba Jacob, Arango incluyó la siguiente frase de León Bloy que hoy nos sirve para la acostumbrada…
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COLETILLA. “Conozco hombres que han hecho, sin estremecerse, el viaje del útero al sepulcro. Algunos son amigos míos: están en La Sorbona, en la Academia y en el Parlamento”.