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Ante la ausencia de Brasil y Uruguay en los últimos años por su bajo nivel, el partido Argentina-Chile parece confirmarse como el nuevo clásico del fútbol suramericano. No sorprende, por lo tanto, que reediten la final disputada en el estadio Nacional hace un año.
Tres de los cuatro equipos que ingresaron a semifinales en la Copa Centenario, figuran entre los mejores del escalafón de la FIFA. Argentina, Colombia y Chile.
El juego en Santiago fue tenso, táctico, cerrado con marcas presionantes, con Chile empecinado en cerrarle primero los caminos a Messi, olvidando un poco la idea que tuvo durante el torneo de ser creativo, tener mucha elaboración, bajarle ritmo y revoluciones a su juego a favor de mayor circulación y tenencia a partir de largas secuencias de pases.
Chile ha retomado con Pizzi algunos de los argumentos de Bielsa. Presiones cortas a los costados, velocidad en la maniobra con cambios de orientación a zonas despobladas, masiva presencia de gente cuando hace la transición defensa-ataque. Esta selección, ante la ausencia del “Mago” Valdivia, cultor del fútbol pausado, tiene más vértigo y ritmo.
Por su parte, Argentina es diferente a la de hace un año. Sigue creyendo en el doble pivote defensivo Mascherano-Augusto, que ahora será Mascherano- Biglia, la misma de hace un año. Ever Banega ha resultado muy importante en el equilibrio y es el jugador bisagra. Cuando lo atacan se convierte en tercer volante y cuando ataca sale con mando y manejo para pisar el área adversaria.
Los de Martino sentirán mucho la ausencia de Di María y de Lavezzi. La banda izquierda parece desprovista de un jugador con gol y llegada y en su lugar Lamela o Gaitán son jugadores de un corte totalmente opuesto. Están más para ayudar a crear, generar y colaborar en la circulación que para meter goles o abrir la cancha.
Chile tiene la buena noticia de la reaparición de Vidal, un plus de calidad, manejo, gol y asistencia en las dos áreas. El circuito ofensivo genera mucho más juego y la dinámica colectiva se siente a placer con el hombre del Bayern, un excelente futbolista.
Argentina no ha tenido todavía un rival que le pise los callos y le haga sentir incómodo. Sin Messi derrotó a Chile en el partido de la primera ronda.
La presencia del número uno del fútbol mundial tiene consecuencias tácticas y mentales. Obliga a Pizzi a revaluar el plan, sería absurdo no hacerlo, y da un plus a los argentinos, que con Lio en la cancha se sienten protegidos. Una jugada genial, un desequilibrio individual, un toque de magia, y todo queda consumado.
La gran verdad es que hoy juega Messi y el fútbol está asegurado.