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De universidades y decanos

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Se acaban de posesionar los 21 decanos de la Universidad Nacional, designados por su Consejo Superior para un nuevo periodo de dos años. En esta ocasión cinco mujeres hacen parte de este grupo de académicos que dirigirá las facultades que conforman la estructura de la Institución.

Esta es una oportunidad para recordar el origen y el papel de los decanos en la milenaria historia universitaria.

Antes de la aparición de las universidades el decano hacía parte de la organización directiva de los monasterios medievales. Dado que los monasterios comúnmente eran muy grandes, habitados por cientos de monjes, dichas congregaciones se organizaban internamente en grupos de diez monjes. Cada grupo tenía un monje superior, de mayor experiencia, al que le denominaban decano, “jefe de diez”. Posteriormente, el término se utilizó para referirse al jefe de una comunidad de clérigos, dentro de una catedral, o en una sección de una diócesis, el decanato.

Con el surgimiento de las universidades, el título “decano” empezó a ser empleado con las características que hoy reconocemos, de académico eminente, de experiencia y amplio conocimiento en el área, que asume responsabilidades administrativas.

Desde sus inicios, en el siglo XI, la universidad se ha caracterizado por su compromiso irrestricto en la construcción y aplicación del conocimiento. Así, la primera organización universitaria, la Universidad de Bolonia, se constituyó para ofrecer a los estudiantes lo más actualizado del conocimiento profesional de aquella época. Los estudiantes pagaban a los profesores, a quienes exigían el cumplimiento de sus tareas docentes.

Los estudiantes reunidos en la “Universitas Magistrorum et Scholarum” eran beneficiados por leyes que les otorgaban alojamiento, libertad, control de precios en los libros (escasos y, por lo tanto, costosos) y definiciones precisas de los requisitos de calidad que debían exigir a sus maestros. Rápidamente fue clara la necesidad de contar con una persona que se encargara de velar por todo esto y por el cumplimiento de las obligaciones y la calidad de los profesores: un decano.

A comienzos del siglo XIII Europa experimentó una explosión de fundaciones de universidades de carácter gremial. Por ejemplo, en Francia la Universidad de París, proveniente de la Escuela Catedralicia de Notre Damme se convirtió en uno de los claustros más dinámicos del conocimiento. Y fue allí donde germinó lo que hoy llamamos autonomía universitaria.

Frente a las presiones de los cancilleres o escolásticos de la Catedral para asegurar que los vinculados como docentes a la Universidad de París juraran obediencia absoluta, se generó una gran tensión que fue parcialmente resuelta en 1212 cuando el papa Inocencio III, mediante una bula, apoyó definitivamente a los profesores y exigió la elaboración, por parte de ellos mismos, de un estatuto que protegiera a la corporación profesoral y excluyera a los clérigos en las demás decisiones relacionadas con la organización universitaria.

Pero los estudiantes ingleses, quienes acudían a París para recibir clases, no tenían una universidad en Inglaterra. Enrique II prohíbe que los ingleses vayan a estudiar a Francia y algunos profesores franceses se arriesgan y van a enseñar a Inglaterra (prohibir que ingleses estudiaran en Francia no implicaba prohibir que franceses enseñaran en Inglaterra). Y este fue el origen de la fundación de la Universidad de Oxford. Posteriormente una disidencia de estos académicos funda, en 1209, la Universidad de Cambridge.

Y en nuestro caso, los principios sobre los que se erigió la Universidad Nacional, a mediados del siglos XIX, son esencialmente los de la libertad de pensamiento y autonomía. Si bien, la ley de 1867 que la organiza, sostiene que inicialmente será el Gobierno de los Estados Unidos de Colombia quien nombre “los directores, catedráticos, administradores, recaudadores y demás empleados de la Universidad”, le entrega esta responsabilidad a la propia Universidad para que la asuma posteriormente.

Así, los nombramientos de algunos de los primeros decanos de las escuelas iniciales, que en realidad tenían el título de rectores de escuela, fueron llevados a cabo por el propio presidente Santos Acosta en 1868. Los decanos de las seis escuelas más antiguas de la Universidad fueron: Antonio Vargas Vega de la Escuela de Literatura y Filosofía, y de la Escuela de Jurisprudencia; Francisco Bayón de la Escuela de Ciencias Naturales; Antonio R. de Narvaez de la Escuela de Ingeniería y Antonio Vargas Reyes de la Escuela de Medicina. Posteriormente, al conformarse de manera definitiva la Escuela de Artes y Oficios se nombró como decano de esa dependencia a Bernardino Torres Torrente.

De seis decanos y no más de 200 estudiantes al inicio del siglo XX, pasamos a mediados del mismo siglo a contar con cerca de 8.000 estudiantes y 27 decanos, encargados de dirigir 32 carreras.

En 1964 asumió la Rectoría el doctor José Félix Patiño Restrepo con el claro objetivo de llevar a cabo una reforma estructural que tenía como lema “Integración como mecanismo para el desarrollo”. Esta reforma, de la que el año pasado celebramos su quincuagésimo aniversario, permitió agrupar todas las carreras en solo 12 facultades.

Hoy, con más de 50 mil estudiantes, 8 sedes y más de 350 programas curriculares de pregrado y posgrado, 21 decanos son los responsables de liderar los proyectos académicos y de gestión administrativa en todas las áreas del conocimiento que se cultivan en la Universidad Nacional, patrimonio de todos los colombianos.

*Rector, Universidad Nacional de Colombia

@MantillaIgnacio 

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