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Comprando Indulgencias

Marcos Peckel
21 de junio de 2016 – 11:22 p. m.

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tUnos tres mil quinientos civiles han muerto en Yemen desde que Arabia Saudita desató en marzo de 2015 su ira wahabita sobre la indefensa población del más pobre de los países árabes, meses después de que los rebeldes Houtties pro-iraníes hicieran lo propio y ocuparan la mitad del país. Del total de muertos unos dos mil son niños, a lo que se agrega unos diez mil heridos y la destrucción total del país.

Nadie atacó a los saudíes desde Yemen, ni hubo agresión en la frontera común a los dos países. La motivación de la guerra iniciada por Riad es geopolítica: evitar que el país cayera en manos de Irán, para lo cual la familia real saudí ha contado con el apoyo de Estados Unidos y sus aliados del golfo. Militarmente es cuestionable lo que los saudíes han obtenido tras más de un año de bombardeos, pues Sana, la capital yemenita, sigue en poder de los rebeldes.

Ante la magnitud de las atrocidades, Naciones Unidas decidió incluir a Arabia Saudita en la “lista negra” de países que violan los derechos de los niños. Y quién dijo miedo. Los saudíes iniciaron una virulenta campaña para que su nombre fuera retirado de la ignominiosa lista con amenazas de recortar ayuda financiera y movilizando aliados a su favor. En un excepcional ataque de franqueza, el secretario General de la ONU Ban Ki Moon admitió que “fue forzado a retirar a Arabia Saudita de la lista” y agregó: “Tenía que tomar en cuenta el bienestar de millones de niños que hubieran sufrido si, tal como nos amenazaron, muchos programas hubieran quedado desfinanciados”. Así, con la abultada chequera de sus petrodólares y una buena dosis de chantaje, los saudíes compraron su “indulgencia”.

Así funciona buena parte del sistema de Naciones Unidas. Una gigantesca compraventa de votos, favores, nombramientos y componendas que terminan minando su credibilidad y capacidad de acción. Es en el Consejo de Derechos Humanos donde más visible se ha hecho esta farsa. China, Rusia, Cuba y Venezuela parecen haber escriturado sus puestos en el panel de 47 países que componen el Consejo, con lo que sus violaciones a los derechos humanos quedan impunes. De igual manera, las de innumerables países que comercian con votos su absolución. El único ítem permanente de la agenda del Consejo es Israel, mientras que el medio millón de muertos de la guerra en Siria apenas ha suscitado uno que otro desteñido informe y crasas violaciones a los DDHH en decenas de países son igualmente ignoradas.

Un estudio de la Universidad de Princeton de 2008 encontró que los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU reciben tratamiento favorable del FMI y otros organismos multilaterales a cambio de votos durante su periplo en el Consejo.

Habría que recordar que la última vez en la historia que se comerciaba con indulgencias nació La Reforma Protestante.

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