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Despuésdel Brexit

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En todo el continente hay descontento con la Unión Europea y sin embargo no existe en ningún lugar, excepto el Reino Unido (y Grecia), la posibilidad real de una salida. Desde sus inicios los británicos se han destacado por una relación de amor y odio con éste. Dicha ambigüedad, que está en la raíz de su particular euroescepticismo, explica su ingreso tardío al Mercado Común en 1973, su negativa a entrar a las zonas Euro y Schengen, y la negociación reciente de un “status especial” por parte del primer Ministro David Camerón, cuyo objetivo es recuperar soberanía en temas nacionales sensibles.

A un día del referendo, la opinión está dividida entre las opciones de “quedarse” y de “irse”, lo cual explica el tono alarmista de ambas campañas, que plantean el Brexit como un asunto de vida o muerte. Mientras que los partidarios del “quedarse” han enfatizado sus riesgos económicos, los del “irse” se han enfocado en la migración y la necesidad de “retomar” a Inglaterra de la supuesta “tiranía” de Bruselas. A diferencia del pasado, cuando el partido Laborista lideraba la oposición a la Unión Europea, tanto éste como los Conservadores están fraccionados. El rastreador de encuestas del Economist también permite observar la falta de consenso sociodemográfico: una mayoría de los jóvenes se inclina hacia el quedarse, las personas mayores de edad opinan que es mejor irse, y más ricos prefieren permanecer que los pobres.

¿Qué se puede esperar si gana el Brexit? Si bien uno de los argumentos centrales a favor es que permitiría a los británicos recuperar la autonomía y el control sobre la política y la economía, en un mundo globalizado es difícil imaginar tal grado de inconexión. Los pronósticos económicos coinciden en que habría un período inicial de incertidumbre – al que los mercados serían adversos – mientras se renegocian los términos de intercambio con Europa y el mundo. Algunas empresas multinacionales, que utilizan al Reino Unido como puerta de entrada al continente, se verían afectadas, con lo cual el mercado británico podría perder su atractivo. Se prevé también una mayor devaluación de la libra, pérdida de empleos y aumento de costos en sectores Europa- dependientes y mayores restricciones a la migración.

Es probable que la eurodefensora Escocia busque nuevamente su independencia de Gran Bretaña, lo cual podría incentivar a otros movimientos separatistas (en Cataluña y Flandes, por ejemplo) a insistir en lo propio. Igualmente preocupante, se ha advertido que la sensible paz en Irlanda del Norte quedaría afectada, dado el papel neurálgico que ha jugado Europa en éste.

Aunque la crisis actual de la Unión Europea sugiere la necesidad de una reforma del proyecto comunitario, las perspectivas después del Brexit parecen peores. Sea cual sea el resultado – y anticipando que el Parlamento podría decidir en contra aún en caso de ganar el “irse” – poco habrá contribuido el referendo a despejar la ambivalencia característica de la relación británica con Europa.

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