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«Menos flores y más derechos»

Decenas de ciudadanos llegaron el domingo al mismo sitio del Parque Nacional en el que Cely fue encontrada, torturada y violada.

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Fue la promesa que la indignación colectiva hizo por redes sociales y en el voz a voz, respaldada por un fuerte trabajo mediático durante las últimas 48 horas. En una sociedad impuntual, ayer a las 10 en punto de la mañana se contaban ya varias decenas de personas aglutinadas en la plazoleta principal del Parque Nacional, preparadas para movilizarse en protesta contra el cruel asesinato que tiene conmovido al país entero.

Rosa Elvira Cely, vendedora de dulces. Rosa Elvira Cely, estudiante. Rosa Elvira Cely, madre. Rosa Elvira Cely, violada y empalada. Cada quien, a su manera, hacía comentarios sobre el horrible caso ocurrido el pasado 24 de mayo, justo ahí, en el parque que ayer sí estaba lleno de policías: muchas mujeres uniformadas cargando en sus manos flores blancas.

El domingo en la protesta todos declararon sentirse Rosa Elvira, a pesar de que, por supuesto, no es el primer caso de violación y tortura que se presenta en el país. De hecho, las organizaciones sociales que participaron en la manifestación se encargaron de recordárnoslo con pequeños avisos pegados sobre el camino que va de la plazoleta al sitio exacto en donde fue asesinada la mujer de 35 años.

Hojas blancas con los datos de la barbarie: Jennifer Hoyos Mesa, 9 años, violada y descuartizada en Caicedonia (Valle), en abril de 2011. Hilda Navarro de Quintero, 78 años, violada y asesinada en Guamal (Magdalena), en marzo de 2012. Y así.

La gente lloraba, hacía silencio, se abrazaba y gritaba arengas como “¡Menos flores y más derechos para las mujeres!” y “¡Justicia, justicia, justicia!”.

Justo en el sitio en donde fue encontrada Rosa Elvira las voces se callaban para dar paso a los murmullos, a las lágrimas que bajan en silencio, a lo más emotivo de la jornada. Una guitarra sonó triste, mientras lo que con más fuerza se oía era el sonido del río Arzobispo, el mismo sonido que la mujer le describió por teléfono a la Policía para que pudieran localizarla la mala noche en que fue atacada.

Y como en este país parece que todos tenemos nuestro propio inventario de indignaciones, en la marcha también caminaron, por ejemplo, Gustavo Trejos, el padre del grafiterito de 17 años que murió por balas de la Policía hace ya casi un año, y los familiares de Viviam Urrego, la mujer que hace dos meses fue asesinada por su propio esposo.

Cuando venía bajando la loma del parque en su bicicleta, el profesor William Javier Díaz recordó que la misma barbarie se ha tenido que vivir en muchas regiones ignoradas de Colombia. Grupos armados, como los paramilitares, tenían entre sus prácticas de tortura violar y empalar mujeres. Así mismo, según datos de Profamilia, en los últimos tres años han sido abusadas 721 mil mujeres entre los 13 y los 49 años. Sólo en Bogotá, en lo corrido del año van 113 casos denunciados de este tipo. La cifra es de la Policía Metropolitana.

Ojalá por cada una de esas víctimas siguiéramos indignándonos. Eso dijo el profesor.

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