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Es la Italia, la vieja Italia, la de siempre, la que ha conquistado el mundo y Europa con una sola forma de sentir y amar el calcio.
El fútbol italiano es serio, puro, no tiene lugar para el esparcimiento y para la sonrisa; en la bota todo es sufrido, agónico, pero algo tiene que destacarse de ese país y su manera de jugar al fútbol: la idea está clara, desde que se iniciaron hasta hoy, la escuela sigue intacta.
Italia y Uruguay son muy parecidos en la leyenda. Juegan un fútbol que no encandila, no llena, pero llegan a puertos seguros con lo suyo, con su identificación particular. En Italia y en Uruguay vale más ganar una pelota dividida, superar un choque a punta de fuerza, que un taquito, un túnel o una pared. Sus códigos son diferentes y por eso cuando nadie los da como favoritos, cuando nadie espera una buena presentación, el viejo fútbol italiano sorprende y arrastra.
Italia ya está en la siguiente fase de la Euro. Doblegó a Bélgica con autoridad, le entregó la pelota y lo esperó, y cuando los belgas, llenos de fuegos pirotécnicos pero escasos de profundidad, se descuidaron, apareció la vieja Italia con sus maniobras letales y lo sepultó. Eso que hoy se llama transición al ataque hace parte de la genética italiana: defensa a ultranza y contropiede mortal. Hace muchísimos años los italianos juegan así, bloques intensos de presión y salida veloz por lo costados. Y con una sola que tengan, vacunan y ganan títulos mundiales y europeos.
La Italia de Conte se recuesta en esa formidable pirámide de Buffon, Chiellini, Barzagli y Bonucci. Juegan de memoria. Tantas batallas juntos han terminado por solidificarlos hasta convertirlos en un bloque impenetrable de hormigón. Y después, los carrileros, Candreva y Fiorenzi, que son eso: defensores, por encima de veleidades ofensivas, y los volantes centrales de marca y desenganche, De Rossi, Giacherini, Parolo, con las puntas, Pellé y Eder.
Intensidad, presión, concentración, sin tiempo para dispersiones.
Italia ya se sacó de encima dos rivales difíciles, porque la vaporosa Bélgica no aguantó y tampoco la Suecia de Zlatan pudo doblegar a la vecchia Italia. No son “teloneros”, son equipos de rango superior que suponían sobre el papel un desafío mayor.
¿Italia es candidata? Sí, no se ha visto un equipo superlativo, no se encuentra sobre lo visto hasta ahora una selección que pele los dientes y asuste.
Y en medio de la paridad, Italia tiene método y agonismo, estilo e intensidad táctica, argumentos definitivos para ganar. Italia juega a la italiana y sabe cómo hacerlo.