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Hillary Clinton hará historia como primera mujer candidata a la Presidencia de Estados Unidos.
Hillary, como exprimera dama, congresista y secretaria de Estado, es la persona más preparada hoy para manejar las riendas del Gobierno más poderoso del mundo. Y si muchos la dan de favorita, el camino hacia la Presidencia no será un camino de rosas. Su contrincante Donald Trump, candidato republicano, dará la batalla con un lenguaje soez, machista, racista y vulgar como lo ha hecho hasta ahora, descalificando cada persona que se ha cruzado en su camino, encontrando eco en una América profunda blanca en la que un discurso nacionalista y defensa de la clase baja y media son su principal estrategia.
La campaña se iniciará oficialmente después de julio, cuando pasen las convenciones de los partidos. Sin embargo, ya con la masacre de Orlando los pronunciamientos marcaron el tono de la campaña. Por un lado fueron los de unidad y un llamado para reformar la legislación de venta de armas, por parte de la nominada demócrata, a diferencia de un discurso contra el Islam y polarizado por parte de Trump, que pide que prohíban la entrada de los musulmanes a Estados Unidos.
Hillary es políticamente correcta, sus palabras son precisas y medidas, mientras que Trump dice todo lo que piensa, habla de terrorismo radical e islamismo creando temor entre la gente, lo que el presidente Obama ha calificado como peligroso e irresponsable. Finalmente tiene razón Hillary en que es la venta libre de armas la causante no solo de la masacre de Orlando, sino de otras más.
La masacre entonces ha sido un ejemplo de lo que se oirá y se verá en la campaña, una batalla verbal polarizada que busca por parte de Trump dividir el país y radicalizarlo y por parte de Hillary unirlo con su discurso. Hasta ahora Hillary continúa una línea tradicional, moderada, con propuestas muy en las líneas gubernamentales del Partido Demócrata, mientras su contrincante hace propuestas radicales en migración, religión, razas. “América Primero” pone a pensar a aquel ciudadano lejano de las urbes y de la política internacional en que los impuestos deben ser para los norteamericanos y no se debe defender el mundo entero con ellos.
Habrá que esperar las convenciones y los candidatos, pero esta será una campaña dividida y radical en la que se sacarán los trapos personales, pero ante todo brilla la esperanza de que sea Hillary la primera presidenta de los Estados Unidos.