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“Cracks”

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Por allá, la Euro. Por acá, la Copa América. Fútbol, fútbol en cantidades impresionantes. Del bueno y también del malo. Jugadores de todas las condiciones, laboriosos y obreros, rendidores, rústicos, y pocos que puedan ser sometidos al título de cracks.

Entre la Isla del Retiro, Fuentealbilla y Hermosillo hay muchos kilómetros de diferencia y un solo credo verdadero: el respeto por la pelota, la identificación por el fútbol bien jugado, la fantasía, la creación, el amor al regate, el atrevimiento a encarar.

Dimitri Payet nació en la Isla del Retiro en el océano Indico, cerca a Madagascar, y juega para el West Ham de Inglaterra. Cuando llegó por primera vez a Francia le costó la adaptación, pero en su segunda intentona terminó ganándose un puesto en el Olímpico de Marsella, donde fue el causante del distanciamiento entre el Loco Bielsa y la dirigencia que lo vendió sin su consentimiento. Irrumpió en el equipo de Deschamps ante Rumania y cuando todos habían ido a ver a los promocionados Pogba y a Griezman, Payet con su juego terminó convirtiéndose en una bocanada de aire puro en el equipo galo. Por derecha, por izquierda, pelota pegada al piso, cabeza arriba, metió el golazo a pocos minutos de final que significó la victoria del cuadro francés con un latigazo a la intersección de horizontal con vertical. Un jugadorazo, poco publicitado pero que merece algo más que un West Ham.

Desde que llegó al Barcelona, Andrés Iniesta demostró que tenía un maravilloso pie para controlar la pelota y una cabeza abierta y clara para capturar los ritmos, las pausas, los movimientos. Regate de maravilla, tiene pase corto, pase medio y pase largo; todo el equipo termina jugando a su alrededor, tocando y devolviendo, ayudándole a fabricar los espacios. Su fútbol es laborioso pero sutil, creativo y de alto vuelo, pero mantiene la disciplina táctica de colaborar en defensa a cortar y ejecuta como nadie la presión para recuperar la pelota. Contra Checa tomó la batuta y brindó un maravilloso concierto de cómo se juega al fútbol. Fue Mozart, Chopin y Beethoven, interpretó todas las melodías y preguntó al mundo del fútbol, ¿por qué no le han dado un Balón de Oro?

Le dicen el Tecatito porque es pequeñito de estatura y se llama Jesús Manuel Corona, juega para Oporto y brindó un recital en el partido de México contra Venezuela. Atrevido, le fascinan los duelos directos, y si alguien le pregunta su posición podría decir que es el “descorchador”, el que abre defensas con sus amagues. Además se marcó un golazo a lo Messi, a lo Maradona, hasta ahora el mejor gol de esta Copa.

Nacieron en diferentes partes y los une el amor por la pelota. Son cracks diferentes, jugadores para ver y disfrutar.

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