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¡Indolencia!

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Resulta un imposible moral no escribir sobre la liberación de los cuatro ex congresistas, entregados unilateralmente por las Farc gracias a la humanitaria gestión de Piedad Córdoba y el presidente Chávez.

Mientras Chávez y Piedad han sido ultrajados por algunos medios de comunicación colombianos, ellos se la siguen jugando con todo para que los secuestrados regresen al seno de sus hogares. Ese gesto valiente y peligroso (no es un chiste negociar con los criminales de las Farc) les parece a la mayoría de los colombianos censurable, pues miramos la suerte de los secuestrados como si se tratara de un caso aislado del país, como si quienes se pudren en la selva fueran ciudadanos de algún país remoto.

Lo más dramático, y eso sí censurable, es que el gestor del proceso de liberación es el presidente de un país vecino, mientras que Uribe y su petulante Ministro de Defensa hacen declaraciones contra las Farc justo cuando quienes estaban a punto de ser liberados corrían por el monte tratando de volver a la libertad. ¿Acaso nuestros gobernantes no se han dado cuenta de que la vida de los secuestrados depende en partes iguales de la guerrilla y el Estado?

Hoy los secuestrados ostentan la condición de parias, calidad que adquirieron por el hecho de haber caído en manos de las Farc. Es duro aceptarlo, pero los secuestrados no sólo son víctimas de la guerrilla, sino también del Gobierno y nosotros los conciudadanos. Los hemos olvidado por años y creemos que somos solidarios con una marcha que acabó siendo utilizada para apoyar la segunda reelección.

La indolencia es la condición que prima en la mayoría de los colombianos; creemos que la violencia oficial para "acabar" con las Farc excusa todo: desplazados, secuestrados en el olvido, paramilitares en la impunidad y miles de familias víctimas de la violencia en el limbo.

Lo que nos corresponde a los colombianos es exigirle al presidente Uribe que sin más dilaciones despeje inmediatamente Pradera y Florida. Si la seguridad democrática es tan sólida como nos la pintan, pues que lo demuestren con el despeje. Si el país entra en caos por el despeje de dos municipios, quedaría demostrado que la seguridad democrática es sólo parte de un discurso para engatusar al pueblo.

Uribe ha mostrado sus simpatías por los paramilitares, tan asesinos como las Farc, pero eso para él y para quienes lo apoyan no es inmoral, porque en el fondo de sus corazones se identifican con los paracos y por eso les parece inaudito que haya demócratas que pensemos que la vida está por encima del Estado mismo, que sólo se justifica en razón de sus súbditos.

Notícula: Culminan los dos primeros meses de la gestión del alcalde Samuel Moreno y dejan hasta ahora una magnifica impresión. Todos atentos porque ha trascendido que desde Palacio se urde una estrategia para desprestigiarlo tratando de armarle escándalos y enlodarlo con injurias. Raro, ¿no?

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