Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Habiendo presentado un plan de desarrollo sumamente ambicioso y coherente con una posición conceptual muy particular, ya que sus ejes temáticos están definidos de una forma precisa (reducción de la segregación, agua como factor fundamental de un desarrollo sostenible y un fortalecimiento institucional en la lucha contra la corrupción), al alcalde le queda la inmensa meta de llevarlo a la práctica.
Desde el principio hubo un manto de duda sobre la viabilidad de las propuestas. Y desde entonces, Petro ha venido enfrentando con ferocidad a los detractores de sus propuestas, diciendo a viva voz que ya la gestión ha empezado y que logrará todas sus metas. Eso está por verse. Sin embargo, el camino que marcaría una diferencia, aún era un asunto nebuloso: el Plan de Desarrollo para sus cuatro años de gobierno estaba en veremos, a punto de ser debatido en el Concejo Distrital.
A nivel de democracia deliberativa, Petro ganó sin duda un round, ya que con una opinión pública que repetía la fórmula de “no le van a aprobar nada”, el alcalde electo logró acomodarse a ciertas peticiones y que las bancadas, en un primer momento, se unieran a él. Ayer se dio el debate en Plenaria y, al cierre de esta edición, el horizonte le sonreía al mandatario bogotano. Los expertos tienden a coincidir en que fue ejemplar la forma en que se ha discutido.
Teniendo un plan concreto, no sólo queda establecido un mapa de lo que el alcalde se ha comprometido a realizar, sino que también la ciudadanía tendrá un punto de referencia casi tallado en mármol para exigir una rendición de cuentas frente al funcionario. Este alcalde, en especial, debe ser muy cuidadoso: su plan es progresista, sí, pero el modelo de ciudad debe institucionalizarse. Y eso sólo se logra con consensos mínimos, con paciencia, tal y como lo hizo en la última semana y media.
En el tema de movilidad el plan tiene una serie de aciertos. La propuesta de construir un tranvía, así como la referente al mejoramiento del sistema de Transmilenio, estructuran un poco la ciudad. Sin embargo, algunos expertos emiten sus dudas. La que más se destaca es la de José Stalin y es que preocupa el déficit de recursos financieros para implementarlo. En su cálculo, por ejemplo, son de 9 a 12 billones de pesos. Pese a que supone un paso hacia adelante, hay algunas dudas sobre si pueden cumplirse en este cuatrienio. En el tema del protagonismo del peatón y del Sistema Integrado de Transporte Público, aún falta claridad en el primero y campañas educativas en el segundo.
En cuanto a lo ambiental, la propuesta es clara: una ciudad compacta, con una red de transporte electrificada, con un uso del agua prioritario, liberando sus espacios (asunto al que también le faltará un apersonamiento por parte de la ciudadanía) y con un manejo eficiente de los residuos sólidos. Claro está, de cumplirse, la ciudad cambiaría. Pero falta ver que el enfoque ambiental sea realmente transversal a toda la política pública. Sobre eso hay que tener ojos atentos.
Finalmente, lo que más preocupa es la seguridad. Incluso la veedora distrital, Adriana Córdoba, ha planteado unas dudas que compartimos: la política social no debe confundirse con la de seguridad. A ésta hay que prestarle una atención básica, mucho menos retórica que la actual. A saber: Fuerza Pública, inteligencia y fortalecimiento de la justicia.
A Bogotá se le viene la hora de la verdad con esta administración, luego de un comienzo tensionante: el momento de salirse de ese terrible círculo en el que está inmersa. La participación ciudadana, que sin duda Petro ve con buenos ojos, debe intensificarse por estos días. Y el alcalde, leer con paciencia las críticas que se le hacen. El bienestar de la sociedad, así como la oportunidad histórica del mandatario, están en juego.