Publicidad

Tiempo de vendimia

Hugo Sabogal
05 de febrero de 2008 – 03:28 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Con la llegada de febrero, los países vitivinicultores del hemisferio sur inician uno de los momentos más anhelados del calendario: la vendimia. Este es el período cuando comienzan a recogerse las uvas para transformarlas en vino.

Al norte del Ecuador, ese mágico tiempo ocurre entre julio y octubre.

En países como Colombia, donde por razones geográficas, climáticas y culturales, esta es una tradición casi ajena (con excepción de tres pequeños proyectos personales en Boyacá), los consumidores de vino deben contentarse con desentrañar los misterios del producto final, sin conocer qué hay detrás. Pero en el hemisferio sur la vendimia es un acontecimiento de dimensiones colectivas, que congrega a cientos de miles de personas, alentadas por aprender cómo se elabora la bebida de mayor trascendencia en la historia de la humanidad.

Varias veces me he sumado a las cuadrillas de recogedores para acompañarlos en la selección y corte de los racimos, en la cargada de los canastos y en la desenfrenada carrera hacia los puntos de recolección, con 20 kilos al hombro, en jornadas de ocho horas. Allí, vehículos motorizados transportan la fruta hacia los lagares de las bodegas, donde comienzan los procesos complementarios de despalillado, estrujado y/o prensado de las vides, antes dar paso a la fermentación, o sea, la transformación de los azúcares en alcohol por acción de las levaduras.

Como la vendimia se desarrolla en pleno verano, el ambiente circundante es alegre y festivo. Las regiones vitivinícolas del Cono Sur, por ejemplo, realizan festivales populares para celebrar el tiempo de cosecha, sobresaliendo, entre ellos, los de ciudades como Mendoza, en Argentina, y Colchagua, en Chile, que cada vez despiertan creciente interés internacional. A mediados de febrero, por ejemplo, se celebra en Mendoza el Master of Food & Wine South America, que convoca a chefs y expertos de todo el mundo.

El fenómeno se repite también en otros puntos como Cafayate, Catamarca, San Juan, Neuquén y Río Negro, al lado derecho de la cordillera de Los Andes (de sur a norte), y Pirque y Malule, al lado izquierdo. Las bodegas abren sus puertas para recibir visitantes, invitando a probar su gastronomía y sus vinos. Los restaurantes y vinotecas cierran de madrugada, invitando a acostarse tarde. Y todo transcurre bajo el abrumador encanto de una topografía que siempre tiene, como punto de referencia, la majestuosidad de la montaña.

Vivir una vendimia colma el espíritu de energía y sirve para entender por qué algunos escritores de la antigüedad han descrito al vino como “el líquido vital de la tierra”.

Este año, como muchos anteriores, volveré a la vendimia, aunque dirigiendo un grupo de entusiastas colombianos que quieren vivir la experiencia. Allí, sobre el terreno, siempre es más fácil entender por qué el sol y la composición del suelo marcan la personalidad de nuestras etiquetas favoritas.

Desde tiempos romanos, la vendimia es un instante clave en la vida de los pueblos mediterráneos. Césares, senadores, súbditos y ciudadanos participaban, con júbilo, en la fiesta de las vinalias, cuando todos ofrecían a Júpiter el fruto sagrado de la vid y el mosto nuevo. No se equivocó Jesucristo cuando tomó el vino como símbolo trascendental de su memoria. Y es en la vendimia donde el ciclo se renueva.

Más sobre vinos: www.hugosabogal.com

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido