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El pase libre de Huckabee

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Al parecer, en Estados Unidos se puede abordar una discusión sobre la “raza” en la medida en que esa discusión sea una farsa, pero nunca si es real.

Casi a diario aparecen noticias sobre críticas de  animadores de radio, o la reciente “noticia” sobre cómo en un programa de golf se las arreglaron para mencionar al tiempo a Tiger Woods y la palabra linchar. La semana precedente se registró cierto análisis trivial pero intenso sobre un intercambio entre los contendientes demócratas para la Presidencia Hillary Clinton y Barack Obama en relación con el reverendo Martin Luther King. Pero cuando ocurre algo verdadero, como un bramido de auténtico racismo a la antigua, la prensa en su conjunto se niega a cubrirlo por temor a confrontar la cosa real y sin adornos (y tal vez por razones que tienen que ver también con otras “sensibilidades”).

El precandidato presidencial republicano Mike Huckabee hizo la semana pasada la siguiente declaración racista y demagógica en Myrtle Beach, Carolina del Sur: “A ustedes no les gusta que venga gente foránea y les diga qué deben hacer con su bandera. De hecho, si alguien viniera a Arkansas y nos dijera qué hacer con nuestra bandera, les diríamos lo que deberían hacer con el asta de la bandera; eso es lo que haríamos”.

Esta es una franca apelación racista por las siguientes razones:

1. La bandera de Carolina del Sur es una bandera perfectamente agradable, que destaca una planta, el palmito, sobre la cual ningún “foráneo” ha ofrecido jamás consejo gratuito alguno.

2. La bandera de guerra de la Confederación, a la cual se estaba refiriendo Huckabee, fue enarbolada por primera vez sobre la capital del estado de Carolina del Sur en 1962, como una deliberada réplica al movimiento por los derechos civiles, y no es ahora, y nunca lo ha sido, la bandera de ese gran estado.

3. Por el voto de las dos cámaras de Carolina del Sur, en el año 2000 la bandera de guerra de la Confederación dejó de ser enarbolada sobre la capital del estado y ahora solamente ondula sobre el monumento a los soldados que murieron combatiendo por la Confederación.

De esa manera, comportándose también como alguien “de afuera del estado viniendo a decirles lo que tienen que hacer con su bandera”, el ex gobernador Huckabee de Arkansas se alineó de manera deliberada con la rencorosa minoría que todavía no se ha reconciliado con la idea de que Carolina del Sur tiene prohibido consagrar oficialmente el racismo, la esclavitud y la secesión. “¿Su bandera?”. Qué insulto, no solamente a los descendientes de los esclavos sino a muchos, muchos otros que pelearon para que su Estado retornara a la Union.

¿Y cuál es el objeto de la calumnia “afuera del “estado”? ¿No era exactamente esto lo que acostumbraba a decir el racista gobernador Orval Faubus, de Arkansas, que hacía creer que todo andaba sobre ruedas en su pequeño hermético dominio hasta que ellos, los “agitadores foráneos”, arribaron?

Pero en resumidas cuentas, como Huckabee puede o no recordar, la División Aerotransportada 101, la mayoría de sus miembros “foráneos”, y no de Arkansas, tuvo que ser enviada por un presidente republicano en 1957 para integrar las escuelas de Little Rock. Eso causó un montón de problemas y gastos por culpa de los parlanchines sureños reaccionarios, pero valió la pena. Es insoportable escuchar ahora a este idiota de mucha labia burlarse de eso a fin de conseguir el voto del Ku Klux Klan en Carolina del Sur.

Uno podría agregar un par de puntos. La bandera política de la Confederación, la llamada “de las barras y las estrellas”, es una cosa. En cuanto a la bandera de guerra del ejército de la Confederación —la forma simbólica más militante que la secesión y la esclavitud alguna vez haya tomado— es otra bien diferente. Bajo esa feroz cruz de San Andrés, el estado de Pensilvania fue invadido y los estadounidenses libres fueron rodeados y esclavizados de nuevo. Bajo esa misma cruz, se anunció que cualquier oficial de la Union que comandara soldados liberados de la esclavitud, o cualquiera de sus hombres, sería ejecutado si se le capturaba. (En otras palabras, se jactaron por anticipado de los crímenes de guerra).

Las 13 estrellas de la misma bandera incluyen estrellas por dos estados, Kentucky y Misurí, que nunca se separaron de la Unión. Por lo tanto, expresa una clara ambición de conquistar estados libres e independientes. Y este es el símbolo que Huckabee, buscando congraciarse con el elemento más bajo y el denominador común más bajo, llama “su bandera”.

Pero cuando el real racismo político alza la cabeza, nuestros medios de comunicación que con tanta facilidad se perturban, quedan extrañamente callados. ¿Adivinan por qué? Por supuesto. Porque Huckabee es el autoproclamado candidato de los cristianos simples y tradicionales que odian a los tipos de la gran ciudad, vivarachos y educados. Si uno se anima a atacarlo por su vulgaridad y su estupidez y su fanatismo, él lo acusará de prejuicio.

Lo que él espera es que su enfermedad neoconfederada se sumerja en una fácil charla sobre sus recetas para ardillas fritas y otros temas folclóricos populistas. Pero resulta que esta baba es una cobertura lisa y brillante para la incitación racista, y no se le debe dar un pase libre.

Aquí hay un escándalo genuino sobre racismo, y al parecer, la profesión en que me hallo enrolado está absolutamente decidida a pasarlo por alto.

* Célebre periodista y comentarista político, reconocido por sus puntos de vista disidentes, irónicos y agudos. / c.2008 WPNI Slate

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