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El insólito caso de Sigifredo

El único sobreviviente de los asambleístas secuestrados y asesinados por las Farc es el principal sospechoso del destino infame que les tocó por suerte. Él se defiende con las uñas.

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En este país de truculencias sin anestesia la barbarie es corriente y lo insólito, común. Ninguna historia, sin embargo, había causado tanto escepticismo, tal grado de incredulidad colectiva, como la del exdiputado del Valle Sigifredo López. La Fiscalía sostiene que ese disfraz de víctima compungida que desandó el infierno del cautiverio para dejar constancia de su tragedia en un libro, aquel que esquivó una masacre y sorteó las rutinas de la selva por casi 82 meses, el mismo que puso a llorar a José Saramago cuando regresó a la libertad en febrero de 2009, no se compadece con la versión del ‘judas’ contemporáneo del expediente.

De la trinchera del plagio y sus memorias como sobreviviente, Sigifredo López pasó súbitamente esta semana al bando de los matones sin escrúpulos. Colombia se estremeció de pronto cuando lo vio llegando al búnker de la Fiscalía en calidad de detenido, esposado, con ese rostro de piedra indescifrable, acusado de confabularse con las Farc para secuestrar y asesinar a sus excompañeros de la Asamblea del Valle. “Esta ha sido la decisión más arriesgada de la Fiscalía en años. Si la tomamos es porque estamos convencidos de que tenemos un caso sólido”, le dijo a este diario una fuente que conoce el proceso.

El mismo día de su aprehensión en Cali, un tuit abrevió así el inaudito escenario: “Si es verdad, un horror. Si es mentira, un horror”. Un fiscal de Derechos Humanos de esa ciudad tiene evidencias de que Sigifredo López aportó las pistas claves para que la guerrilla perpetrara impunemente el plagio de los diputados el 11 de abril de 2002. En uno de los archivos de los computadores decomisados del exnúmero uno de las Farc, Alfonso Cano, un video sería una de las principales pruebas en contra del político de 48 años nacido en Pradera. El material audiovisual no deja ver el rostro del informante, pero cotejos de voz ponen a López bajo sospecha.

Eso, sumado a declaraciones de desmovilizados que le han atribuido el secuestro y posterior homicidio —el 18 de junio de 2007— de los exdiputados en estado de indefensión. Uno de los que lo señaló fue Reinaldo Valencia, alias El Cabezón, un exintegrante de las Farc que se desmovilizó en 2007 gracias a la mediación del abogado y fundador de la ONG La Nueva Esperanza, Gustavo Muñoz. En su momento, el guerrillero lo relacionó como uno de los facilitadores del plagio. En 2011 se retractó supuestamente después de que Sigifredo López, en plena recta por la Alcaldía de Cali, lo abordara.

Interceptaciones telefónicas también forman parte del dossier que enreda a Sigifredo López. Las demás evidencias en su contra se mantienen en total reserva por la Fiscalía, que lo interrogó durante 10 horas el pasado viernes en un despacho de la Unidad de Derechos Humanos. Allí llegó acompañado de su abogado, el exfiscal jefe de la Unidad Antimafia Alfredo Montenegro, quien manifestó que su cliente está tranquilo, que pronto va a aclararse el entuerto y que solicitará al fiscal del caso pruebas para desvirtuar la absurda acusación de que un hombre pueda posibilitar su autosecuestro durante casi siete años.

Procesado por los delitos de homicidio, toma de rehenes, perfidia y rebelión, López es hijo de la modista Nelly Tobón y Guillermo López. Su abuelo materno, Jesús María, y su tío abuelo Félix Tobón fueron asesinados por los chulavitas de León María Lozano, más conocido como El Cóndor. En 1963, el año de su nacimiento, sus padres se radicaron en Pradera, montaron una prendería y buscaron esquivar la violencia conservadora. A bala asaltaron el negocio y asesinaron a Guillermo López. Dos balas quedaron incrustadas en la cuna de Sigifredo. Ahí gastó su primera vida gatuna.

Se mudaron a Florida buscando tiempos más reposados y así fue creciendo, con una memoria de elefante. En su adolescencia terminó repartiendo un periódico comunista, pero su madre casi se infarta cuando supo de las andanzas de Sigifredo. A sus 15 años quedó absorto por la figura del cacique liberal Carlos Holmes Trujillo y la política terminó de colarse en su vida. Pronto despuntó como líder de Pradera, fungió como inspector de policía en ese municipio, se graduó como abogado de la Universidad Santiago de Cali, terminó una maestría de criminología y a sus 25 años ya había sido elegido concejal de su tierra natal.

Siempre de palabra fácil, su perfil fue aglutinando espacios y electores, en una región en la que tradicionalmente ha hecho presencia la guerrilla y ya para 1997, después de exhibir en su currículum haber sido alcalde de Pradera y abogado litigante, logró un escaño en la Asamblea del Valle a finales de los años 90, cuando las Farc le mostraron los dientes al Estado y alcanzaron a secuestrar a más de 400 militares y policías. El boleteo, según su libro El triunfo de la esperanza, no le pasó de costado y tuvo encuentros con comandantes de columnas guerrilleras para ponerle coto al chantaje.

La historia oficial hasta el miércoles pasado rezaba que había sido una víctima más del aleve crimen del secuestro; que había sufrido toda suerte de atropellos bajo los árboles de la manigua del suroccidente colombiano; que vio morir a distancia a sus compañeros de Asamblea porque estaba castigado en un lugar aparte por bulloso e indisciplinado; que sufrió como ninguno la calamidad de quedarse solo mientras lo soportaba ese afán por reencontrarse algún día con su esposa Patricia Nieto y sus hijos Sergio y Lucas; que fue liberado por gestiones de Piedad Córdoba en febrero de 2009; que demandó al Estado por $5.000 millones, y que fracasó como candidato al Congreso en 2010 y a la Alcaldía de Cali un año más tarde.

Hoy, según la Fiscalía, hay serias evidencias que controvierten esa versión que todo Colombia dio por cierta. En diálogo con El Espectador, Patricia Nieto explicó la suerte de su esposo a un absurdo que se niega a aceptar. El exgobernador de Nariño Antonio Navarro Wolff sumó denuncias a la polémica. De acuerdo con él, obtuvo votaciones atípicas en ese departamento en sus tiempos de campaña para llegar al Congreso y habló sin rodeos de la colaboración de la banda criminal de ‘Los Rastrojos’ en esa aspiración. Sus detractores resaltaron inconsistencias en sus finanzas para justificar los supuestos ríos de dinero que corrieron en ellas.

Hasta hace dos semanas fue asesor del alcalde de Cali, Rodrigo Guerrero. El pasado 11 de abril, al cumplirse una década del plagio de los exdiputados, su voz como único sobreviviente fue consultada en calidad de víctima por todos los medios colombianos. Al cuestionársele por su supervivencia y los rumores que lo acechaban como colaborador de la insurgencia, siempre ripostaba que era un hombre impoluto que había esquivado la muerte de milagro. ¿Podrá probar su inocencia?

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