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No es la primera vez que con actos de terrorismo el país se estremece y a través de este método de amedrentamiento se envían confusos mensajes políticos. Una historia reincidente que ha cobrado la vida de cientos de inocentes, entre ellos líderes sociales y de opinión, muchas veces caídos para presionar. El atentado contra el exministro Fernando Londoño no parece ser la excepción y, sin identificar a los autores, este hecho no se puede desligar del momento político.
La discusión en el Congreso del denominado marco legal para la paz, herramienta con la que el presidente Juan Manuel Santos pretende buscar una salida negociada al conflicto armado y la implementación de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras son dos de los temas con los que el Gobierno se la ha jugado. Sin embargo, es claro que tiene enemigos al acecho, que Santos ha calificado como las manos negras de la izquierda y la derecha.
En el caso Londoño, las hipótesis siguen divididas. En un primer momento, el comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, general Luis Eduardo Martínez, afirmó que detrás de los actos terroristas estaban, sin ninguna duda, las Farc. Esta tesis fue respaldada por el mismo Londoño, quien al día siguiente del atentado señaló a la organización guerrillera. El expresidente Álvaro Uribe Vélez fue más allá y habló de un complot de las Farc orquestado desde Venezuela.
Santos ha sido más prudente y advirtió que las investigaciones continúan, que no se puede concluir ni descartar ninguna hipótesis, como tampoco se puede asegurar que fueron las Farc. El mandatario también explicó que no ha establecido relación entre el vehículo cargado de explosivos descubierto el mismo día en el centro de Bogotá y el atentado contra el exministro. Al margen de los planteamientos es claro que el terrorismo se volvió a hacer escuchar, tal como lo viene haciendo hace tres décadas.
Lo fue desde principios de los años 80, cuando ante las denuncias contra el narcotráfico y ante la amenaza de la extradición el principal capo de estas organizaciones, Pablo Escobar, respondió con el lenguaje de las bombas y los asesinatos cobrando a su paso la vida de dirigentes políticos, periodistas y miembros de la Fuerza Pública, de la talla del periodista Guillermo Cano, el exmagistrado Hernando Baquero, el exministro Rodrigo Lara o el dirigente liberal Luis Carlos Galán.
Cuando en el país se intentaba negociar la paz, la situación no fue diferente. Se dieron asesinatos sistemáticos de dirigentes de la Unión Patriótica o del M-19, entre ellos los de Bernardo Jaramillo, Manuel Cepeda y Carlos Pizarro. Pero también se dieron extraños asesinatos como el del dirigente conservador Álvaro Gómez, el del periodista Jaime Garzón o el del consejero de Paz Jesús Bejarano. Una larga lista con demasiada impunidad a cuestas.
Con el mismo idioma de intimidación y de terrorismo, también se han venido presentando actos criminales de gran magnitud, como las bombas contra El Espectador y el DAS en 1989, en el centro comercial 93 en 1993, en la calle 116 en 1999, en el Club El Nogal en 2003 y en la Universidad Militar en 2006. Todos estos hechos han tenido como telón de fondo la presión de los violentos en su ofensiva contra el Estado o cualquier forma de salida negociada al conflicto.
Así lo reconoce el senador Juan Manuel Galán, quien vivió en carne propia el asesinato de su padre, Luis Carlos Galán, cuando era el candidato con mayor posibilidad de llegar a la Presidencia, con un discurso que prometía ponerle coto al poder que ejercían las mafias del narcotráfico y con la convicción de extraditar a los jefes de los carteles de la droga. Al respecto no duda en señalar que en Colombia hay una tendencia histórica a enrarecer el ambiente a través de ataques a grandes símbolos de las luchas democráticas.
Frente al más reciente de estos actos de terrorismo, el atentado contra el exministro conservador Fernando Londoño deja entrever que el gobierno Santos mantiene una tendencia socialdemócrata, pero esta política ha exacerbado a los grupos radicales, quienes a través de actos criminales pretenden dar la impresión de que el Estado no tiene la capacidad de brindar la seguridad. Por coincidencia ocurre cuando se está empezando a explorar un eventual proceso de paz.
El representante a la Cámara Miguel Gómez, sobrino de Álvaro Gómez, plantea que el terrorismo es un actor político que tiene su propio lenguaje y su propia capacidad de mover la opinión, es un actor que no es continuo, pero tiene un vocabulario claro y contundente. “El terrorismo como acción política es muy barato y su impacto puede cambiar el curso de la historia. Una bala puede lograrlo”, afirma Gómez.
Desde orillas ideológicas opuestas los parlamentarios coinciden en que es necesario contar con un Estado sólido con la capacidad de enfrentar estos actos de terrorismo y que la justicia actúe dejando atrás el manto de impunidad que ha sido la constante de tres décadas de intimidación. No obstante, Galán asegura que hay que continuar por el camino de la reconciliación, que sólo se puede dar con la implementación efectiva de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras que finalmente conduciría a la paz.
Por el contrario, Gómez considera que el discurso de elaborar unas llaves para la paz resulta torpe y lo demuestra el atentado del martes, donde “las Farc están calibrando al Gobierno y plantean que una negociación no es una decisión unilateral. Al Gobierno le midieron el aceite, de eso no me cabe duda”. Al margen de este planteamiento, es claro que la mezcla de violencia, narcotráfico, conflicto e impunidad se ha convertido en un coctel que suele amedrentar a la ciudadanía para forzar rumbos políticos.
Cronología: Tres décadas de actos violentos
1986
Diciembre 17
El asesinato de Guillermo Cano se dio luego de que El Espectador realizara denuncias de infiltración en el Estado del principal capo del narcotráfico Pablo Escobar Gaviria.
1989
Agosto 18
Luis Carlos Galán fue asesinado cuando era el más opcionado para llegar a la Presidencia con un discurso que prometía mano dura contra el narcotráfico con medidas como la extradición.
1989
Diciembre 6
El país se conmocionó cuando en las instalaciones del DAS explotó un carro bomba que cobro la vida de más de 50 personas. Esto en el marco de una guerra protagonizada por Pablo Escobar.
1995
Noviembre 2
Fue asesinado el dirigente Álvaro Gómez en momentos en los que se había constituido en uno de los principales críticos del gobierno de Ernesto Samper por la presunta infiltración del cartel de Cali.
2003
Febrero 7
La explosión de un carro bomba en el Club El Nogal, donde murieron 36 personas y más de 200 resultaron heridas. Fue la respuesta a la política de seguridad democrática del expresidente Álvaro Uribe.
2006
Octubre 19
Cuando se hablaba de una negociación de paz con las Farc, un vehículo con explosivos estalló en el estacionamiento de la Universidad Militar. Dos personas murieron y cinco resultaron heridas.