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En tan solo una semana, el astro argentino Lionel Messi bajó del Olimpo donde habitan los dioses y se dio un paseo por este mundo.
Messi descubrió en pocas horas que su cuerpo aguanta y aguanta patadas, trompicones, golpes arteros, pero que también sufre de lesiones y maltrecho y averiado en su espalda, terminó por rendirse ante la evidencia de un terrible dolor lumbar que le tiene ad portas de no jugar ante Chile en la revancha de la Copa América de hace un año y en el debut argentino en la Copa Centenario.
Lionel también descubrió que la ingratitud del ser humano no tiene límites y tuvo que aceptar sin chistar que unos cuantos aficionados le gritasen de todo a la entrada del juzgado donde llevan la causa criminal contra él y su padre por defraudación al fisco español. “Vete a robar a la mierda, devuelve la plata que dejaste en Panamá”, pueden ser frases tanto o más dolorosas en la epidermis de Messi que los mismos golpes que le aplicaron los hondureños en el amistoso. Messi contaba con la violencia física, que hace parte del juego, pero nunca pensó que la idolatría de los catalanes pudiera llevar a que algunos le ofendieran en el fondo del alma. Las consecuencias posteriores de esas frases están por verse.
En su recorrido por la tierra, Messi también descubrió que la codicia es un detestable pecado capital y que su padre, en el que confió para administrarse todas sus enormes ganancias, había caído en la trampa y resolvió no pagar impuestos, evadir sus obligaciones fiscales, burlar al Estado español. Messi recorre los mismos pasos de Maradona, quien tuvo que salir de Italia por defraudación al fisco.
Aunque Lionel ha dicho que solo sabe jugar al fútbol y que no conocía los movimientos criminales de su padre, pocas personas aceptan que no tuviese noticias de los pasos de su codicioso padre.
Lacerado en su físico, con el alma adolorida por las reacciones de algunos patanes, aculillado por las implicaciones que puede tener un juicio en el que algunos funcionarios aprovechan para cobrar cuentas pendientes al “independentismo catalán”, Lionel Messi ya sabe que lo único que le devolverá la gloria y lo llevará nuevamente al Olimpo será una gran actuación con Argentina en la Copa América.
Al Dios Messi no le quedaron ganas de volver a la Tierra y quiere retornar al Olimpo, donde su fútbol no tiene fiscales dispuestos a condenarlo y donde no tiene que compartir con un padre codicioso que un día decidió meterle la mano al ponqué.
No vuelvas por acá, Lionel, esto es muy duro…