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Así título Semana un artículo sobre el sector. Aquí la pregunta es sobre los contenidos.
Habría ‘crisis’ si la cultura aceptada pareciera no corresponderse con las dinámicas determinantes de la sociedad. Si la cultura institucionalizada estuviera siendo desafiada por grandes fenómenos sociales. Si la cultura establecida pareciera incapaz de encuadrar los cambios de la sociedad. Estos ‘desajustes’ entre cultura y sociedad podrían llevar a pensar en una crisis de la cultura o de la sociedad.
Pero el tiempo que estamos viviendo no es especialmente dramático. Probablemente los ‘desajustes’, de ser investigados empíricamente, no pasarían de moderados. Para usar un contraste, Venezuela. Allá la cultura aceptada o impuesta choca con la economía, la mayoría de la gente rechaza activamente las instituciones y el cambio deseado no se puede hacer en el actual marco cultural.
Puede decirse que lo de Venezuela no es cultura, sino ideología, y que el chavismo no iba a cambiar una cultura de siglos. Pero en Cuba una ideología similar sí lo logró. El punto para saber si hay ‘crisis’ de la cultura en Colombia es notar que en nuestro país la cultura es en realidad espontánea, no dirigida, y en esa medida no es fácil que entre en crisis porque va evolucionando con la sociedad.
El riesgo de ‘desajustes’ entre cultura y sociedad viene por el lado de la cultura que privilegian las elites y el Estado. Ahora mismo tenemos un desajuste entre la cultura política y la cultura moral promovidas desde arriba y las nociones políticas y los sentimientos morales de la sociedad en general respecto de la negociación de paz con las Farc. El desajuste daría para ‘crisis’ si, por ejemplo, perdiera el sí en la refrendación popular del acuerdo, pero se seguirán tomando todas las medidas para que eso no ocurra.
Entonces, la cultura es fundamentalmente espontánea en Colombia, pero sí hay intervención del Estado, que dada la debilidad de la sociedad civil, puede volverse determinante, de modo indeseable. Una evaluación de esa intervención tal vez falte para saber su impacto y eventual ‘crisis’ por campos, si se concluye que en determinado campo no ha tenido el efecto buscado y más bien ha sido contraproducente. Vale aclarar que el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Educación son solo dos instrumentos de esa intervención, aunque muy importantes.
A estos dos ministerios se les podría hacer la pregunta de si hay crisis de la cultura de la modernidad en Colombia, por ver qué pasa, y una respuesta con lo que en realidad hacen, y en eso cuenta lo que dicen a diario, sería muy interesante. La cultura de la modernidad ha venido siendo atravesada por agujeros prohijados por la intervención estatal, sin que medie mayor discusión. Una radiografía de esos agujeros permitiría el título de crisis (al menos de la idea de modernidad), que se ha usado en el mundo.
Todo esto resulta etéreo, pero tiene consecuencias prácticas. Una muestra: la cultura económica, incluida la ética del trabajo. Tenemos demasiados días no laborales y una baja productividad, asociada a la mentalidad -entre otros factores-, lo que afecta los ingresos para el bienestar. Claro, también tenemos una ética empresarial de cartelización contra los consumidores, pero ya les empieza a costar. Aquello de la competencia no ha pegado del todo bien ni arriba ni abajo (tampoco la cooperación). Solo que no hay manera de cambiarse de cultura. Hay que insistir con aclimatarla.