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El “malquerido”

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Ya de por sí, por su misma cara, por sus mismos antecedentes futbolísticos, por sus mismas actitudes, Carlos Caetano Bledorn Verry, más conocido como Dunga en el lenguaje del balompié, es un tipo que no te cae bien, no te llena, no te vende nada. Alejado del estereotipo futbolero, este Dunga, que fue un obrero esforzado en la cancha, un peón de brega, un solidario y abnegado quitador de balones en la mitad del campo, parece tener otra gran mácula en su vida como técnico: es un “salado”.

Convocó la selección brasileña hace 20 días y en este período sus soldados se han ido cayendo uno a uno. Primero tuvo que ceder a Neymar para los Juegos Olímpicos. Ser campeón de la olimpiada es el único título que tiene sitio vacío en las vitrinas de la CBF y por eso, a la hora de las prioridades, la gran joya de la corona jugará en Río 2016 y no estará en la Copa Centenario. En esta famélica selección brasileña de Dunga, donde tienen más asiento los destructores y picapiedras que los orfebres y artistas, la exclusión de Douglas Costa por lesión fue un duro golpe. A eso, súmenle que llamó a Kaká y tampoco pudo contar con su juego. Además cayó Rafinha, quien hubiera podido dar una mano con su toque fino made in Barça. Y otros que salieron fueron Roberto Firmino, Luiz Gustavo y ahora Miranda.

En el fondo, Dunga puede llegar a estar contento con todo lo que le ha pasado. Ante las bajas de sus estilistas, tendrá que apelar a lo que le gusta: la táctica, la destrucción, el sacrificio. Brasil jugará a lo Dunga, nadie le pedirá que tenga arte o jogo bonito, todos le admitirán los lesionados y la mala suerte, para que pueda ser fiel a su predicamento futbolero.

El debut de hoy en Pasadena frente a Ecuador presupone un gran esfuerzo para la auriverde, tan venida a menos, tan desvalorizada, así que cualquier cosita que haga bien sonará como música celestial en el oído del sufrido pueblo brasileño, que afronta horas políticas y sociales concordantes con su canarinha.

A este Brasil de Dunga se le juzgará por el sudor, el esfuerzo, la complementación táctica. En este Brasil sin artistas empiezan a tener importancia mayúscula los “operarios” de la fatiga.

Dunga, el “malquerido”, el anti ídolo, el de la cara desafiante, en el fondo estará feliz porque no tendrá que presentar jogo bonito. Sólo le pedirán que gane, pues la disculpa de los lesionados lo salvará.

Y para ganar, como sea, Dunga se tiene fe…

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