Publicidad

Asomos de continente de provincias

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

La consagración de los liderazgos políticos tendrá siempre mejor fundamento cuando proviene de decisiones ciudadanas mayoritarias, que del éxito de acciones violentas.

Lo que explica que en un momento dado quienes empuñaron las armas resuelvan someterse al veredicto de las preferencias populares en concursos abiertos. Lo dramático es que en algunos casos no basta con los resultados de las urnas para que las partes queden satisfechas y las cuentas arregladas, particularmente cuando están en juego factores como la soberanía, la libre determinación de los pueblos, los equilibrios continentales, los intereses de las grandes potencias y la institucionalidad internacional.

Las elecciones recientes del Kosovo han producido un resultado fácil de prever. La comunidad albanesa, mayoritaria, ha ganado las elecciones. El vencedor, y seguramente nuevo presidente de la hasta ahora región autónoma al interior de la República Serbia, es un antiguo guerrillero, que se batió en otra época con las armas en busca de una finalidad que ahora parece tener al alcance de la mano: la independencia de la provincia.

La victoria en las urnas significa apenas un paso, aunque no menospreciable, en el propósito largamente esperado de la secesión que permita a los albaneses consolidar un ente estatal aparte, que eventualmente se pueda unir a la Albania de hoy para formar una sola nación con su propio Estado: la Gran Albania. Pero se trata de un paso de alguna manera incierto, porque la pretensión serbia de mantener el control de la Provincia jamás ha cesado. Y todo parece indicar que no existe en el panorama de la vida pública ningún serbio dispuesto a dejar su firma en documento alguno que facilite el camino a esa idea de independencia que significaría el último, y de pronto más grave, de los descalabros que esa nación eslava ha tenido que soportar en las últimas dos décadas.

El problema del Kosovo toca, por definición, desde una u otra orilla, elementos tan importantes para la vida de los estados, como lo son el control territorial, los valores históricos de las naciones y las oportunidades de autodeterminación de los pueblos. De ahí que, mientras no se produzcan hechos definitorios en todas esas materias, el asunto seguirá vigente, con todo su lastre de consecuencias. Y en todo caso lo que suceda será precedente de gran significación.

La simple idea de que una provincia, por el hecho de estar mayoritariamente habitada por una comunidad, decida cambiar el mapa político de los Balcanes para convertirse en un estado aparte, representa un reto no sólo para los independentistas sino para el país desmembrado y para la comunidad internacional. En el caso del Kosovo la situación parece marchar a favor de quienes buscan la segregación, en la medida que cuentan con el apoyo expreso de los Estados Unidos y la facilitación de decisiones provenientes de las Naciones Unidas.

Las comunidades nacionales al interior de los Estados europeos actuales, y particularmente las que no se sientan confortables con su condición, estarán atentas a los desarrollos del proceso del Kosovo. Porque el éxito en el propósito de independencia no sólo puede conducir a la futura consolidación de la Albania agrandada, en desmedro de Serbia, que vio nacer su propia nacionalidad, hace siglos, precisamente en tierras del Kosovo, sino que alentará a quienes proclaman la Europa de las provincias. Una Europa que, bajo la sombrilla de una comunidad cada vez más coherente y confiable, permitiría la realización de muchos sueños suprimidos con el auge de grandes estados.

edubaras@yahoo.com

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido