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Advertíamos en columnas anteriores que el Valle del Cauca ya no era y no podía seguir siendo un extenso monocultivo exclusivamente de caña de azúcar y que se habían encontrado otras alternativas igualmente importantes y, lo mejor, generadoras de empleo, lo cual debe ser una inaplazable prioridad .
Pues bien, debemos celebrar con una firme esperanza la importación de más de 100.000 matas de uvas sin semilla provenientes del Perú por parte del Instituto Colombiano Agropecuario, ICA.
Lo anterior significa que en breve se sembrarán mas de 75 hectáreas que en el primer año producirán hasta 15 toneladas por hectárea, cifra que se duplicará en el segundo año, incrementándose así las 1.400 hectáreas sembradas de uva en su mayoría en el departamento del Valle del Cauca, bien llamado la despensa agrícola de Colombia.
Siete años tardaron los agricultores vallecaucanos en traer gajos especiales de uva sin resultados favorables hasta que el Ministerio de Agricultura tomó cartas en el asunto y entre el ICA y su homólogo del Perú se logró el aval respectivo.
La uva Isabella ha sido tradicionalmente la variedad más producida en este departamento y la llegada de la uva sin semilla es acercarse a la demanda mundial de una especialidad muy atractiva, bien pagada y espléndidamente cotizada en los más exigentes mercados mundiales.
Y aquí hay que hacerle un reconocimiento especial al ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri Valencia, quien se apersonó de esta nueva opción agroindustrial que muchos beneficios le traerá a un sector que con alternativas como la uva, la piña, el mango, el maracuyá y otros frutales constituye una nueva opción de aprovechamiento de la tierra e, insisto, en la generación laboral que harto reclaman los campos colombianos.
Así las cosas, el Valle de la caña de azúcar está tornándose en el departamento hortofrutícola de Colombia, un extraordinario renglón de la producción , el consumo y las importaciones que de allí se están derivando.