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La dirigencia del Independiente Santa Fe, encabezada por el señor César Pastrana, exhibe un gran corazón y dedica buena parte de su gestión a reintegrar a la sociedad a jugadores que sucumben en el alcohol y otras adicciones.
Primero fue el caso de Wílder Medina, a quien le dieron la oportunidad para resarcirse y no hubo caso. Después, el problema con Luis Quiñones, quien venía con antecedentes de indisciplina en el Júnior de Barranquilla. A decir verdad, con este jugador no hubo paciencia, aunque con Wílder sí. Ahora todo indica que Johan Arango, jugador con condiciones excelentes para jugar y poseedor de un estupendo remate, y quien salió del Medellín por la puerta de atrás, sería admitido para el segundo semestre de la temporada, con conocimiento pleno de sus inclinaciones fuera del campo de juego.
Esos gestos son para aplaudir, sin olvidar que la meta deportiva requiere de conseguir genuinos refuerzos, más cuando Luis Manuel Seijas y Yerry Mina se marchan a otros lares. Mina dio los tres puntos ante Nacional y Seijas demostró todo su valor en los dos períodos en que fue cardenal. Es necesario reemplazarlos sin demora y con ritmo de juego para evitar demoras, como viene sucediendo. Don Di Vanni, hasta es hoy una incógnita su real aporte a la delantera.
Santa Fe, además, no puede salir a pedir con la totuma ayudas, porque su trabajo en copas y torneo le ha permitido contar con un ingreso adicional al que recibe, como todos, por derechos de televisión. Ingreso gordo, merecido y bien conseguido.
Es bueno y saludable cumplir con ayudas sociales, tan importante como organizar un equipo competitivo. Alexis García pudo armar con lo que tiene un equipo para estar en estas finales y se le perdona un esquema más sólido en defensa y menos fuerte en ataque. Esto por el enorme déficit en sus delanteros. Ahora, para encarar el futuro inmediato es preciso que la dirigencia santafereña se meta la mano al dril, y lo más pronto posible. De sobremesa, Santa Fe tiene viaje a Japón y un doble juego contra River Plate. La paciencia de sus hinchas está a prueba, y por más aplausos que reciba por sus gestos solidarios con jugadores descarrilados, sería curioso que no atendiera como lo exigen las obligaciones futbolísticas.