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Además, fue la semilla de la civilización occidental, estructurada a partir de los elementos tradicionales del entonces poderoso Peloponeso y los importados de las culturas asiática y africana, que ingresaron saltando por sus islas hasta el territorio continental, para caminar hacia Europa, en medio de continuas guerras. Y del Viejo Continente emergió una cultura nueva que atravesó los océanos, en los botines y los espíritus invasores, hasta arribar con los conquistadores a los territorios de Indias, entre ellos Colombia.
Grecia desapareció como potencia y es hoy un país pobre que vive del orgullo de su vieja historia y del continuo recuerdo de sus filósofos aún vigentes. Pero revivió a finales del siglo XIX, con la restauración de los Juegos Olímpicos, que recordaban a aquella sociedad casi perfecta.
Los primeros años fueron difíciles. Atenas hizo el primer ensayo, en 1896, en medio de dificultades y con sólo dos escenarios construidos para la ocasión: el estadio Panateneo y el velódromo. París 1900 y San Luis 1904 fueron un fracaso real y publicitario. Londres 1908 mejoró la imagen del certamen. Pero debieron pasar 18 años antes de realizarse los primeros Juegos Olímpicos grandes, los que organizó Hitler para dar vitrina al Tercer Reich.
Luego vendría la consolidación de las justas, a lo largo de amenazas planteadas por vicios como el profesionalismo y la política, que le restaron estabilidad, por lo menos hasta 1992, en Barcelona, cuando comenzó la modernidad que hoy brilla.
¿Qué son hoy los Juegos Olímpicos, luego de 116 años de vida? No sólo el certamen deportivo más importante del mundo, por la dimensión y la multiplicidad. El torneo que atrae más la atención del mundo. El eje de negocios multimillonarios alrededor de temas como la televisión y la publicidad.
No. También, y esto es lo más importante, los Juegos son la manifestación puntual de una filosofía contenida en el movimiento olímpico, una forma de vida, con unos componentes educativos, culturales, artísticos y sociales que deben conducir a la formación de hombres y de sociedades casi perfectas, como la griega que los inspiró.