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Ya no hay tierras para colonizar. Colombia es potencia mundial en biodiversidad, servicios ambientales de regulación climática y por la belleza de sus escenarios naturales. Por esto somos potencia de vida. Debemos conservar y restaurar nuestros ecosistemas naturales.
Según el informe de Money.co.uk presentado por Salman Haqqi, su editor de finanzas personales, Colombia fue clasificada como el tercer país más bello del mundo por la combinación de diferentes factores: además de sus costas en el Caribe y el Pacífico, tiene un paisaje muy variado desde la cordillera de los Andes hasta las selvas amazónicas y “una puntuación muy alta por el hecho de que alberga 500.000 kilómetros cuadrados de bosque tropical”. Esto ratifica mi afirmación, que molestó a muchos: en Colombia ya no hay baldíos, en el sentido de tierras improductivas. El bosque natural y las tierras cubiertas por ecosistemas naturales aportan a la producción y el bienestar, y tienen un creciente valor económico.
El valor de los servicios ecosistémicos asociados al bosque natural y la promesa del Pacto Histórico de evitar la deforestación son argumentos para no permitir que sea el bosque el espacio donde se titulen tierras para que el campesino adelante la producción de alimentos y la ampliación del área bajo uso agropecuario. La Reforma Rural Integral del Acuerdo de Paz (2016) no prioriza la redistribución de tierra sino la titulación de tierras al campesino en las zonas de expansión de la llamada frontera agropecuaria, lo cual llevó y aún lleva a la destrucción del bosque húmedo tropical.
Colombia como potencia de vida está en el radar internacional para desarrollar con fuerza el turismo de naturaleza. Para que este se convierta en motor del bienestar de la población colombiana, además de consolidar la paz, es necesario conservar los espacios naturales. El fallo de la Corte Constitucional (agosto de 2022) sobre baldíos tiene herramientas para evitar la titulación a grandes terratenientes y agilizar la titulación a pequeños productores, pero es un nuevo riesgo para la destrucción de ecosistemas naturales. La interpretación que la gente puede hacer sobre cómo se realizará el proceso de adjudicación de baldíos o regularización de títulos amenaza los ecosistemas. Los predios con títulos incompletos están principalmente en manos de pequeños propietarios, quienes no han podido regularizar su propiedad por dificultades para demostrar la explotación y propiedad de la tierra según la Ley 160 de reforma agraria de 1994. El riesgo está en que se considere que los bosques son tierras ociosas o improductivas, pues históricamente la tierra productiva se ha asociado sólo a aquella que está bajo uso agropecuario. Esto puede inducir, como ya se registró después de la firma del Acuerdo de Paz, a que los campesinos asuman que deben tumbar el bosque para legitimar su propiedad y así beneficiarse con el plan de formalización masiva de la propiedad rural.
Para implementar el catastro multipropósito —mencionado por la Corte en su sentencia— se necesita incluir, al formalizar el título predial, una zonificación precisa de las opciones de uso de sus distintas secciones, lo que obligará al propietario a manejar su predio cumpliendo con la función ecológica de la propiedad, pues debe conservar una parte con ecosistemas naturales y tener buenas prácticas agrícolas que garanticen la renovabilidad de los recursos naturales asociados a los procesos productivos. Para evitar efectos indeseables del fallo de la Corte, es necesaria una campaña pedagógica para la ciudadanía y para los funcionarios públicos.