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El cumplimiento de un anuncio que la guerrilla hizo hace poco menos de dos meses. Una misión humanitaria inmensa que se desarrollará con el apoyo del gobierno de Brasil y el Comité Internacional de la Cruz Roja.
Por fin, después de muchos años en cautiverio, estos secuestrados podrán gozar de la libertad con sus familias, alejados (al menos un poco) de ese entorno terrible que la guerra secular ha significado para Colombia durante tanto tiempo. Se sabe, pues, que el gesto de las Farc de mañana no solamente redunda en el ámbito nacional: todo el mundo lo estará viendo. Y su imagen, dañada en todo aspecto por esta práctica terrible (entre otras muchas también execrables), podría limpiarse un poco si cumplen con su promesa de no volver a secuestrar a nadie más.
Mucha tela se ha cortado sobre esta liberación. Desde el anuncio, en un —podría decirse— esperanzador comunicado que publicaron las Farc en su página de internet, los analistas han saltado a opinar. Y no es para menos: el secuestro en Colombia convoca marchas de millones de personas. Sobre el gesto de mañana, entonces, pueden analizarse varios aspectos.
En primer lugar se trata de un buen gesto. Así se hayan demorado demasiado en devolverlos y así sea por razones que excedan los llamados “gestos de buena voluntad”, se trata de una movida que tiene como eje la libertad de 10 personas. De ese punto debe partirse para analizar todo el contexto restante: las Farc, si todo sale bien, ofrecerán una medida simbólica que —cómo no— aporta para humanizar un poco este conflicto.
Al mismo tiempo, no se debe olvidar que estamos en medio de una guerra. Y en su crudeza, no podemos quedarnos repitiendo que mientras la guerrilla promete las liberaciones también asesina soldados en el campo y que esto cierra las puertas de cualquier negociación. Por más reprochables y reales que sean estos actos abominables (contrarrestados valerosamente por nuestra Fuerza Pública), son propios de una guerra. A la paz se llega una vez ésta esté firmada, no antes. Por lo tanto, es natural (mas no justificable, claro) que las Farc ataquen a su contraparte al tiempo que hacen gestos como el que tendremos esta semana. Son esas otras muestras las que hay que evaluar inteligentemente y valorar para proceder a una salida.
Esto, de suceder correctamente, caería como anillo al dedo en el marco de los contactos que se sabe el gobierno del presidente Santos está efectuando con las Farc. Un informe publicado por la fundación Ideas para la Paz, titulado La verificación en un eventual proceso de paz y analizado hace tres días por este diario, da cuenta de las formas en las que se puede dar un proceso de paz sin cese de hostilidades. Una pública, abierta a los medios y de cara a la ciudadanía; la otra, confidencial, cerrada, que sale a la luz pública una vez ha tenido éxito. Definir esta agenda es una tarea primordial del Gobierno: aclarar los puntos a seguir, las estrategias concretas que se quieren llevar a cabo, tratando de evitar en todo la ambigüedad en las misiones de las partes en conflicto o dejándose llevar por los hechos coyunturales. Confiamos en que así se está haciendo.
Por lo pronto, Colombia espera atenta la liberación mañana de unos secuestrados. La guerrilla debe saber la importancia de este evento y entender que la libertad es el centro de la discusión. A la vez, esperamos que no se convierta en un ‘show’, en un juego político, en una sobreexposición innecesaria de aquellas personas que son liberadas, aprovechadas por alguien de manera estratégica. Tanto mañana, como el miércoles, estaremos atentos a que todo salga bien. El país lo necesita.