Publicidad

No es resistencia civil, sino simple oposición

Santiago Villa
16 de mayo de 2016 – 03:34 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

No tienen nada de nuevo los anuncios hechos por Álvaro Uribe y el Centro Democrático sobre su posición frente a los acuerdos de paz.

Cuando en el 2013 defendí en una columna la obstrucción de las vías públicas durante el paro agrario, por ser una manifestación de resistencia civil, me refería a su auténtica versión: violar la ley de manera pacífica para defender una posición política. Quien recurre a la desobediencia civil generalmente está en desventaja ante el Estado porque no se halla representado en él o es objeto de persecución.

Es literalmente un despropósito que un grupo político que controla un gran porcentaje del Congreso, y que es liderado por un expresidente con índices de popularidad nada despreciables (quizás más altos que los del actual), llame a la resistencia civil. Es como si el dueño de una tienda rompiera la puerta para entrar a un almacén cuyas llaves tiene en el bolsillo. Estas contradicciones conceptuales con el ánimo de dar un golpe retórico son usuales en los demagogos.

No hay necesidad de hacer resistencia civil porque el Centro Democrático tiene todas las herramientas del poder a su disposición para defender y promover su causa. Tiene voz en los medios de comunicación siempre prestos a difundir y comentar sus ocurrencias, y tendrá voto cuando se vayan a ratificar los acuerdos de paz en el Congreso.

¿En qué consiste la resistencia civil del Centro Democrático? Hasta donde entiendo, en hacer marchas y recolecciones de firmas. Quizás también lobby o acciones jurídicas. En suma, oposición política. Están en todo su derecho. No representan una posición altruista, pero en una democracia no se espera que todos los actores estén de acuerdo con los pactos políticos. De hecho, es de esperar que la ultraderecha se oponga a un acuerdo de paz con las guerrillas comunistas. Lo raro sería que lo defendiera.

La falacia de su llamada «resistencia civil» es presentar esta posición mezquina como heredera de las grandes confrontaciones de los perseguidos y desposeídos contra los gobiernos opresores. Esta mística heroica de la que son desvergonzados impostores los lleva a usar términos tan inadecuados. En una columna el senador Iván Duque compara la estrategia de su partido con los movimientos de resistencia negros sudafricanos contra el apartheid, con la lucha de Mahatma Gandhi, con la cruzada de Martin Luther King, y con los opositores al dictador Augusto Pinochet (una extraña comparación, ya que Pinochet es una figura admirada por muchos miembros del Centro Democrático).

La suya, dicen, es una lucha de la justicia contra la impunidad. Es una posición consecuente con los que eventualmente los empujará hacia la marginalidad política.

Todos ya lo sabemos: el uribismo logró éxito nacional por el fracaso del anterior proceso de paz con las Farc, y buena parte de su capital político depende de que haya una guerrilla comunista, o al menos un enemigo interno.

Aunque perderá su principal atractivo como movimiento una vez se firme la paz, el Centro Democrático no se acabará. Será una suerte de segundo Partido Conservador, un poco a la manera que Cambio Radical es un segundo Partido Liberal. Eventualmente, si quiere sobrevivir, tendrá que cambiar su logo y permitir que surjan otras figuras protagónicas. Quizás sea Tomás Uribe quien represente la «nueva sangre» del partido.

No todos los partidos tienen que estar con los acuerdos de paz para que sean exitosos, pero será importante que el Centro Democrático no gane las próximas elecciones para asegurar una transición estable al posconflicto.

La larga historia de frustraciones con las Farc ha cultivado un amargo escepticismo. Hasta no ver un acuerdo final habrá un pantano de dudas que dificulta un apoyo decisivo al acuerdo en las encuestas. Sin embargo, una vez se haya finalizado el texto, se anuncie el proceso de su ratificación y la entrega de armas esté al alcance de la mano, la mayoría de la opinión se volcará hacia aprobarlos y ponerle un punto final a las Farc como guerrilla.

Y es esta la actual pesadilla del Centro Democrático: perder el capital político que le otorga el escepticismo y la indignación, y la esperanza de ganar las elecciones presidenciales del 2018.


Twitter: @santiagovillach 

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido