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¿País mestizo?

Se trata de la primera vez que se toma una medida de este tipo en la historia del fútbol en el país.

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Artur Friedenerich llegaba temprano al vestuario y tarde a la cancha. Hijo de un blanco alemán y una negra brasileña, le tomaba tiempo ocultar el color de su piel. A principios del siglo XX, el fútbol en Brasil era de las élites. Friedenerich fijaba bien los rulos de su cabello, que no se movían ni cuando cabeceaba, y se untaba polvo de arroz sobre la cara y los brazos. Con un gol suyo, su país ganó la Copa América de 1919. Un año más tarde, el presidente brasileño “recomendó” a los dirigentes no llevar jugadores negros en la selección nacional. “Razones de prestigio nacional”, escribe Eduardo Galeano. Los torneos continentales de 1920 (Chile) y 1921 (Argentina) fueron un fiasco.

En 1916, Fluminense contrató a Carlos Alberto. Era el único mulato en el equipo aristócrata. Para el refuerzo negro, la técnica había sido la misma: polvo de arroz en el rostro, en los brazos, en los dorsos de las manos. Lo descubrieron sus antiguos compañeros, que gritaron desde la tribuna las palabras mágicas: “¡Polvo de arroz, polvo de arroz!”.

“Micos y negros”

Hace una semana, en Pasto, los aficionados arengaron demasiado. Jugaba el local contra Equidad. Según la resolución de la Comisión Disciplinaria de la Dimayor, “el árbitro central (Juan Carlos Gamarra) dejó constancia, entre otros, de los siguientes hechos: al minuto 83 se presentó un caso de racismo contra los jugadores de la Equidad Dahwling Leudo y Carmelo Valencia. (…) Les gritaban micos y negros en repetidas ocasiones, lo que provocó que estos jugadores se acercaran a mí y me comunicaron que si seguían los insultos se retiraban del terreno de juego”.

La sanción, “por actos discriminatorios de sus partidarios”, era inédita en el fútbol colombiano. Aunque se conocían casos (y aunque estaba contemplado en el Código Disciplinario de la Federación Colombiana de Fútbol), Gamarra fue el primero en sentar un precedente. La multa es simbólica: poco más de 11 millones de pesos. La decisión de denunciar, representativa. Abraham González, presidente del Colegio de Árbitros de Bolívar, le aconsejó contarlo todo. “Tenemos que evitar que malas costumbres como estas prosperen”, le dijo el colegiado al diario El Heraldo.

“Sanción ejemplarizante”, calificó Alexis García, técnico asegurador. El estratega antioqueño no cayó, pese a todo, en la tentación de generalizar: habló de algunos desadaptados. Desde luego, resaltó la hipocresía del gesto. “¿Negreando en Colombia?”, se preguntó. “Eso en Europa da sanción. El respeto a las personas es clave”.

Europa es el ejemplo que también toma Carlos González Puche, presidente de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales. “Si es en Inglaterra o en España, lo cierran, sin asco”, afirma. Desde luego, el dirigente celebra la decisión. “Estoy de acuerdo. Ningún tipo de discriminación puede ser admitida. Celebro que por fin lo hayan hecho. Deben sancionar a toda plaza donde se afecten los derechos fundamentales de cualquier individuo”, dice.

Sin embargo, para González todavía reina la laxitud. “Es un reglamento, pero está en los principios de la Fifa y así se prevé en la Constitución Política de nuestro país. Lo que sucede es que en Colombia se discrimina tan fácilmente, que si un trabajador del fútbol termina con justa causa, no lo puede contratar otro club. Y no pasa nada, las autoridades no actúan”, dice.

Para el dirigente, las medidas deberían ser más drásticas. “Es un mandato constitucional”, señala. “La pregunta es por qué las autoridades lo dejan en manos solamente de las instancias deportivas. Como aquí la costumbre ha sido permitir la violación, están comenzando a sancionarla. Pero esperamos más. Que las organizaciones del Estado, responsables del control, lo ejerzan. La Constitución no dice que sea la Federación o la Dimayor. Deberían ser las autoridades del país. Y sanciones más duras”, añade.

El ejemplo: Inglaterra

“El tema es distinto en cada país europeo”, reconoce Carlos Pizarro, jefe de deportes del Servicio de América Latina de Radio Francia Internacional. “Pero el caso más ejemplar es el inglés. Una persona que vaya al campo e insulte a un tipo por ser negro, es acusado por el público y encima se queda sin ir a la cancha de por vida. La lucha contra el racismo allí es muy fuerte”, admite Pizarro, que no se llama a ilusiones: “el racismo existe en todos los países del mundo”.

Difiere Inglaterra de los otros países. “En Italia y en España, el carácter latino no lo vas a quitar del medio. Hay que trabajar mucho más”. Pizarro ve el éxito del sistema inglés en dos aspectos: la intervención decidida del Estado y de los clubes mismos. Hay que recordar que, tras recientes incidentes racistas, el primer ministro del Reino Unido, David Cameron, convocó a una reunión para discutir el tema. “No podemos barrer esto bajo la alfombra”, afirmó en aquel momento.

“El Estado se tiene que meter”, dice Pizarro. “Es que, para llegar ahí, tienes que cambiar la mentalidad de la gente. Hay muchas personas que van a la cancha a quitarse el estrés insultando y dejando todo ahí. Tiene que ser una ayuda de todos”. En cuanto a los equipos, Pizarro señala: “parte del éxito inglés está en que los clubes, aparte del Estado, han hecho bastante. Y eso no sucede en ningún otro país”.

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