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Al menos tienen una voz de defensa, una organización protectora, un titular de periódico que vuelva a poner sus intereses en el debate público. Para los niños, por ejemplo, existen personas y entidades que buscan hacer prevalecer sus derechos: incluso a nivel extremo e inconveniente, como proponer la cadena perpetua para quienes abusen sexualmente de ellos.
No es así – no tanto, por lo menos –con los adultos mayores: esa población que tiene más de 60 años de edad o que cuenta con más de 50 si perteneció a alguna población con nivel de vulnerabilidad. Poco se sabía antes de un informe que Medicina Legal entregó recientemente, en el que las cifras hablan por sí mismas: cada día tres son maltratados, entre el 2004 y el 2011, 88 personas mayores de 60 años fueron asesinadas dentro del ámbito familiar (en un 37% de los casos, por sus hijos) y 10 mil más fueron agredidos en las mismas circunstancias.
En vez de tener una vejez plena con su familia, ésta, en muchos casos, se dedicó a agredirlos, a maltratarlos por medio de abusos físicos o sicológicos, a humillarlos o a golpearlos. El problema para resolver esta penosa situación es que aún no se conocen a profundidad las causas que generan este tipo de violencia. Hacen falta muchos más estudios que profundicen en el oportuno informe de Medicina Legal. Los casos estudiados por esta entidad revelan que el dinero muchas veces es el punto de partida de las discusiones. Asimismo el informe plantea que “predominan las lesiones tipo contundente”, lo que podría indicar que los ataques se dan en medio de una discusión en la que al agresor se le va la mano. Muchos casos, entonces, de homicidios preterintencionales, como diría un penalista.
El otro gran problema que se revela en esta noticia es el del subregistro. La cifra negra. La infinidad de otros casos que no son denunciados por los adultos mayores por múltiples razones: incapacidad de salir de la casa, miedo, vergüenza, doble victimización. Aunque el por qué de esto, claro, no es tan fácil de saber tampoco.
El asunto para resolverlo no está sólo en el desarrollo de nuevas leyes o en inventarse nuevos tipos penales o agravantes para este tipo de agresiones. Bien podría solventarse un poco resolviendo la forma en la que la unidad investigativa actúa: que pueda hacerlo de oficio y no sólo por la denuncia de la víctima. Denunciar es difícil. Pero antes de expedir más y más leyes, es hora de apersonarse por este tema del adulto mayor. De ahondar en las causas que hay detrás de esta violencia, de saber por qué un hijo llega a la decisión de atacar a un ser indefenso. ¿Cuál es el motivo? ¿Tiene que ver con el entorno social? ¿Se da también en estratos altos? ¿Se trata de hijos maltratados por sus padres en una especie de venganza? ¿Cómo sortear los problemas del subregistro? Éstas son apenas algunas preguntas que pueden hacerse aquellos quienes hacen políticas públicas de defensa a poblaciones vulnerables.
Visibilizar el problema, claro, es el primer gran paso. Por eso merece un aplauso Medicina Legal. Pero esto es sólo un pequeñísimo avance. Hacen falta individuos que tomen la causa de manera más técnica que pasional, para así no caer en el populismo punitivo. Ver con otra mirada esta problemática es una misión que debe tomarse. Las cifras son escandalosas y corresponden a una realidad desconocida. Hay que desentrañar este misterio.