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A Santiago Giraldo lo vi por primera vez hace 13 años, cuando se conformó el equipo de tenis de Colsánitas. Él no concebía perder, no soportaba la frustración y era muy sensible. Cuando perdía, lloraba, gritaba, se pegaba con las raquetas en la cabeza o las rompía contra el suelo. Pero siempre fue muy disciplinado, y desde niño ha estado convencido de que es bueno en el tenis. Tiene una autoestima altísima. Entonces, desde temprano empezamos a realizar un trabajo muy riguroso con él y su temperamento.
La pataleta que más recuerdo de Santi fue por esos tiempos, cuando tenía como once años y le tocó jugar contra Robert Farah, también de Colsánitas. Ellos compartían habitación y Robert dejaba sus cosas tiradas. Santi, todo lo contrario: doblaba su ropa al quitársela, mantenía todo ordenado y le molestaba muchísimo la desorganización de Farah. Ahora son como hermanos, pero antes eran rivales, y en ese partido ganó Farah. Nunca vi llorar tanto a Santi como aquella vez. Inconsolable, irritado, frustrado. Allí entraba yo a calmarlo.
Cuando no puedo estar con él, por sus viajes, nos comunicamos por e-mail. Me envía un mensaje antes y después de los partidos, me hace una breve descripción de lo que pasó. Me pregunta cómo lo veo, hacemos una reflexión. Él es muy autocrítico, pues es una persona perfeccionista, obsesiva, rigurosa.
Es muy exigente consigo mismo. Lo que más le molesta es caer en los mismos errores, eso lo irrita. Es muy juicioso, no le gusta mamar gallo con el tenis. Si ve que un compañero lo está haciendo, se sale de la cancha. No acepta eso. Por eso se esmera en mejorar cada día, pues es un profesional. Cuando en 2010 perdió contra Mardy Fish, en el play off de la Copa Davis, entró en una crisis. Entonces quiso hacer una reestructuración, porque debía estar más concentrado en su tenis.
¡Aún más de lo que siempre estuvo! Por lo que cerró sus cuentas de correos y de Facebook, no volvió a usar internet y canceló su teléfono. Dijo que necesitaba focalizarse más. Y le funcionó.
El sábado vi el partido que jugó contra Kei Nishikori, número 17 del mundo, en la segunda ronda del Master 1.000 de Indian Wells. Y me sentí muy orgulloso de todo lo que ha progresado. Antes era mucho más ansioso, miraba en busca de consuelo a su entrenador Marc Gorris en las gradas, se desesperaba; ya no. Contra el japonés se tomó su tiempo, pidió la toalla como forma de concentración, rebotaba las bolas tantas veces como lo hace Novak Djokovic al servir para estar calmado. De hecho, en el cierre del primer set se fue la luz de los marcadores en la cancha y hubo un estruendo impresionante: fallas de logística.
La juez interrumpió el partido cuando acababa de hacer una falta y nada lo perturbó. Se sentó en su silla, cruzó la pierna, como si todo estuviera bien. ¡Pero ese momento es de alta tensión! Esto es algo que hemos trabajado mucho y se está viendo la diferencia. Tanto que yo sé que, así como va, puede llegar a meterse en el Top 20. Cuando terminó el juego, lo vimos firmando bolas y tirándolas al público, saludando a sus seguidores. Toda una estrella que se cree cada vez más el cuento.
Este es uno de los correos que me mandó hace un tiempo: “Hola, médico. (…) Me aceleré mucho, no me moví bien, no tuve la postura perfecta. Lo que terminó en errores tontos y en lentitud de piernas (…). Jugué patético”. Y éste es otro que me envió recientemente: “Ahora estoy nuevamente en el grande con los buenos, con mis colegas, jejeje. Me estoy sintiendo estupendo, con ganas de sobreponerme a todo. Por cierto, el tip de la connotación positiva: excelente”.
Ya se expresa diferente, soporta más el fracaso. De hecho, su lenguaje corporal ha cambiado, se ve más seguro. Se refiere a la connotación positiva en el sentido de que cambiamos la forma de ver las cosas negativas: no pensar que son un problema, sino retos, porque él es una persona a la que la apasionan los desafíos. El sábado sacó varios aces en puntos de quiebre en contra.
Siempre ha perdido contra Almagro. También lo venía haciendo contra Nishikori. Entonces estoy seguro de que hará un gran papel contra el español, pues Santi ha adquirido madurez deportiva.
* Adaptación Juan Diego Ramírez C.