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El lunes 16 de enero, en horas de la noche, llegó a Bogotá el nuevo técnico de la selección de Colombia, el argentino José Pékerman. Al otro día fue presentado ante los medios y regresó a su país a arreglar unas cosas que tenía pendientes. Dos semanas después volvió para quedarse, con las maletas cargadas de trabajo, proyectos y un solo objetivo: clasificar al Mundial de Brasil 2014.
Se instaló desde entonces en una suite del hotel Cosmos 100, en el norte de Bogotá, junto con su preparador físico, Eduardo Urtasún; sus tres asistentes técnicos, Néstor Lorenzo, Patricio Camps y Pablo Garabello, y su secretario técnico, Gabriel Wainer, quien entre otras funciones, es el encargado de grabarle y pasarle todos los videos a Pékerman de cuanto jugador colombiano actúe en el exterior.
Su habitación se convirtió también en la oficina. Allí trabaja todos los días, mientras no está concentrado con la selección. Es un hombre sencillo, dicen los trabajadores del hotel. No es complicado con la comida, almuerza lo que está ofrecido en el bufete y saluda a quienes allí estén. Nunca pide licor en el restaurante ni a su habitación. No le molesta dar un autógrafo ni posar para una foto. Le encanta usar la piscina.
Sale muy poco y cuando lo hace va en el carro que le ha dispuesto la Federación Colombiana de Fútbol. Aunque también le gusta salir a caminar por las noches y lo hace sin guardaespaldas y en compañía de su cuerpo técnico. Está previsto que en algunos meses, la Colfútbol le dé un apartamento (a sus asistentes también) y no se sabe aún si su esposa Matilde Michielin se venga a vivir con él.
Ama el orden, le gusta que todo en su trabajo esté absolutamente controlado. Es un hombre hermético y por ello se niega a dar entrevistas individuales. Sólo habla en ruedas de prensa. Con la selección ha ofrecido tres: una el día de su presentación y dos en el partido amistoso contra México en Miami, en febrero pasado.
Los fines de semana aprovecha para viajar a diferentes ciudades a ver partidos del rentado colombiano. Sus asistentes van a otros estadios. Específicamente viajó a Tunja, porque según se ha filtrado, quiere que la selección juegue en Bogotá y que se concentre en Paipa. Visitó los termales y quedó encantado.
También conoció la sede de entrenamientos de La Equidad, en el norte de Bogotá, y como el argentino no habla, fue el técnico Alexis García quien nos contó la experiencia. “Unos días antes él me invitó a que nos reuniéramos en el centro y me quedó muy duro ir, por lo que le dije que no. Me aseguró que quería conocerme. Entonces se apareció sin avisar en la cancha de entrenamiento, junto con su preparador físico y su chofer privado. Me dio pena porque me tocó hacerlo esperar un momento, pues yo estaba entrenando a mis muchachos y primero lo primero. Él me dijo que me esperaba afuera, que no había problema. Salí, hablamos un rato, como hora y media compartiendo conceptos y hablándome de mi gestión en todo este tiempo. Yo no lo conocía personalmente, pero parecía que él a mí sí, y desde hacía mucho tiempo. Me tenía referenciado. El tipo es muy preparado, informado, me hablaba de mis jugadores y de otros como si hubiera estado toda la vida acá en Colombia. Hubo mucha empatía y yo le manifesté mi total apoyo durante su gestión, como lo he hecho con el resto. Comentamos cosas que no diré por su intimidad y reserva. De hecho, él toma todas las precauciones al respecto en su cargo. Es un tipo reservado, pero eso es necesario en la selección. En cambio, conmigo fue un tipo amable, extrovertido, descomplicado, noble, humilde, porque me buscó hasta la sede de Equidad. Es un técnico preparado y por eso juro que quedé convencido de que tenemos muchas opciones de ir a Brasil 2014”.
Cuando está trabajando en el hotel prefiere usar ropa cómoda, pero siempre elegante. Sacos de lana y vestidos son su pinta favorita, aunque también se le ve con la ropa deportiva de Adidas, patrocinador de la selección. A la hora de ofrecer ruedas de prensa y dirigir desde el banco está impecablemente de corbata. Y siempre prefiere que en los viajes sus jugadores hagan lo mismo. A Miami, por ejemplo, lo hicieron de traje, con vestidos hechos especialmente en Pierre de Agostini.
Esa es la cotidianidad de José Néstor Pékerman, un hombre sin complicaciones, serio y trabajador. Aunque su apariencia es de ser una persona seria, le encanta sonreír, igual a como todos los colombianos esperamos hacerlo al final de las eliminatorias, con el tiquete a Brasil en el bolsillo.