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La presencia de Cuba

El día de hoy llega Juan Manuel Santos a Cuba para definir, al lado del mandatario de la isla, Raúl Castro, y del presidente venezolano, Hugo Chávez, la presencia del gobierno cubano en la VI Cumbre de las Américas, el evento hemisférico más importante de la región.

06 de marzo de 2012 – 06:00 p. m.

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Se tiene previsto que en Cartagena, durante los días 14 y 15 de abril, se reunirán 33 jefes de Estado (¿o 34?) para discutir una variedad de temas sobre el presente y el futuro de este hemisferio.

Pese a que los eventos preparativos, las temáticas, los lineamientos de la seguridad, el protocolo, entre otras cosas, se han preparado bien, hay una gran piedra en el zapato para la realización exitosa de este evento. Tiene que ver con la propuesta de inasistencia de los países del Alba (Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Antigua y Barbuda, Dominica, San Vicente y las Granadinas) en caso de que Cuba no sea invitada. Resulta, por esto, prudente y necesario que en el mismo tono que el presidente Juan Manuel Santos lo ha expresado, él y Raúl Castro se reúnan y, como buenos amigos, discutan sobre la presencia del país caribe en este importante evento.

Estados Unidos tiene sus razones para oponerse a ello. Desde hace tiempos quedó establecido que hay un factor preponderante para pertenecer a esta Cumbre: tener las suficientes credenciales democráticas como gobierno. Se sabe que Cuba no ha aceptado los estándares de la Carta Democrática Interamericana, pese a que en 2009 la Asamblea General de la OEA derogó aquella resolución de finales de los sesenta que suspendía al gobierno de Cuba del organismo hemisférico, labrando así el camino para que regresara al organismo. Cuba dijo de forma contundente que no estaba interesado en volver.

La filigrana diplomática de la canciller Holguín ha sido de admirar. Ha dicho que la invitación, pese a que Colombia sea el país anfitrión, debe ser concerniente a todos los países que vengan a la Cumbre. Asimismo, los países del Alba han cedido un poco, afirmando que de venir se discutiría la presencia de Cuba en la reunión. Recordamos, como hace un mes lo dijimos, que para ir a las cumbres de las Américas no necesariamente se debe ser miembro de la OEA. Los países pueden discutirlo, en un debate, en un escenario que redundaría en la democracia deliberativa.

El requisito de la democracia es innegociable para la mayoría de los Estados. Y con razón. Pero quizás el acercamiento antes que la repulsión podría acelerar este período de paulatina apertura, de transición, lejos de aquella revolución triunfante que apoyaba sin miramientos la intervención en otros países para hacer una revolución latinoamericana, hacia la aceptación de unos mínimos estándares democráticos. El virus de la democracia está en terreno cubano y alimentarlo es tarea de sus pares regionales.

La iniciativa del presidente Santos de reunirse hoy con los dos mandatarios nos parece, pues, un paso correcto. No se trata, como algunos críticos la han querido presentar, de una legitimación de los excesos autoritarios del gobierno cubano, sino un uso adecuado de la diplomacia para resolver esta dificultad para las relaciones del país con sus socios naturales. Las cosas pueden darse de diversas maneras después de hoy, pero algo es claro: si Raúl Castro no acepta esos mínimos lineamientos democráticos, el argumento de la no asistencia por parte de los países del Alba se cae solo. Sería malo si no asistieran, pero no habría justificación alguna. Al igual que la canciller Holguín, somos optimistas.

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