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Una carta sobre el Eln, otra sobre la persecución y otra sobre la resistencia civil.
Eln y secuestrados
Algunos amigos opinan que no hay que exigirle al Eln la liberación previa de los secuestrados; aducen que eso, entre otras cosas, es precisamente lo que se iría a lograr con las conversaciones (que pueden ser muy largas) y que esa exigencia, previa, entrabaría el fluir de la mesa. Me parece un argumento demasiado mecanicista, que implica cierto grado de adaptación, de insensibilización al secuestro; percibo que han dejado de ver en ese delito un crimen inconmensurablemente grave que requiere tratamiento de máxima urgencia, y pienso que de parte del Gobierno es una obligación moral y legal exigir y lograr la liberación de absolutamente todos los secuestrados antes de los diálogos.
Persecución a activistas
Para quienes deseamos y luchamos intensamente por el éxito del proceso de paz con justicia social, verdad, reparación y no-repetición —más los difíciles elementos de perdón y reconciliación— tiene una importancia histórica su editorial del 9 de mayo de 2016, “Balas contra la paz” (El Espectador). Alerta sobre un nuevo genocidio ligado a la búsqueda de la Paz, similar o peor que el de la Unión Patriótica. A pesar de nuestros deseos y esfuerzos, no pocos pensamos que así será. Lo ilustra el atentado contra Imelda Daza. ¿Será posible evitarlo? Depende de todos los implicados, incluidos los medios de comunicación. El Espectador, con este editorial, marca una ruta. Pero su soledad es abrumadora.
Miedo
Produce mucho miedo la resistencia civil que propone el expresidente Álvaro Uribe al proceso de paz sin siquiera mirar antes los acuerdos. ¿Legitimitación de las fuerzas paramilitares?
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