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Más allá de la actuación de Macaulay Culkin en las películas de Mi pobre angelito o la trama de estos filmes, un elemento que se utilizó para crear el ambiente festivo y navideño fue un color en específico: el verde ftalo. Entre cortinas, sacos, chaquetas, el árbol de Navidad y otras apariciones, este tono se convirtió en un ícono de la temporada.
Con moderación, este pigmento se ha usado para dar un tono más profundo a otros verdes. Sin embargo, la naturaleza no fue la responsable de que este color apareciera en nuestro imaginario. El verde ftalo debe su nombre a la molécula llamada ftalocianina. El carbono y el nitrógeno forman un anillo que se coordina con un átomo metálico para dar paso a colorantes y pigmentos de diversos colores entre los que figuran el verde y el azul.
La historia de este color, que ha sido apetecido no solo por escenógrafos, sino también por artistas como Jackson Pollock y Francis Bacon, se remonta a mediados del siglo XIX cuando, gracias a los avances científicos, la industria textil y el mundo del arte comenzaron a experimentar con tintes sintéticos y pigmentos que se alejaban de los elementos encontrados en la naturaleza.
Con la aparición de los tintes sintéticos, la toxicidad de otros pigmentos como el verde Scheele, que contenía un alto grado de arsénico y se consideró letal durante el siglo XIX, fue dejado a un lado en favor de colores que eran no solo más amigables para la salud humana, sino más fáciles de manejar.
El verde ftalo, como lo conocemos hoy, apareció por primera vez en 1938, cuando fue comercializado por la compañía de químicos DuPont. Cuando fue sintetizado por primera vez en Inglaterra en 1935, el resultado fue un polvo verdeazulado de textura aterciopelada.
La base de cobre de este pigmento, llamada ftalocianina de cobre, fue descubierta en 1907, aunque no bajo este nombre. Durante ese año se reportó la aparición de un pigmento desconocido de tono azulado en la revista científica alemana Chemical Reports. Sin embargo, fue en 1934 cuando el químico inglés sir Patrick Linstead descubrió la estructura molecular correcta que daría paso al pigmento. “Fue una labor bastante difícil, pues la ftalocianina de cobre existe con diez modificaciones diferentes del cristal. Un año después de descubrir su estructura, la Imperial Chemical Industries (ICI) ya comercializaba este pigmento, seguida poco después por BASF y Dupont”, escribió Gerd König.
De acuerdo con Richard M. Podhajny, este color se produce comercialmente “al modificar químicamente el azul de ftalocianina de cobre. Esto se hace mezclándolo con ciertos compuestos (cloruro de sodio y cloruro de aluminio) y agregando cloro a altas temperaturas. Luego, se enfría la mezcla y se muele junto con sales solubles, que se eliminan al lavar el producto. Este proceso ayuda a obtener partículas del mismo tamaño y a hacer el color más intenso”.
La estabilidad del verde ftalo fue otra de las razones por las cuales se volvió tan popular. Según la base de datos del Museo de Bellas Artes de Boston, el verde ftalo ha sido apetecido también debido a que la intensidad del color no se ve afectada por otros químicos ni por la luz o el calor. Al ser un color que permite crear tanto transparencias sutiles como tonos opacos y brillantes, no solo ha sido usado en el arte como colorante en tintas, pinturas, tizas, cuero, lápices y fotografías, sino también en otros productos como ropa y plásticos, entre otros.
La historia de amor entre Francis Bacon y el verde ftalo
Durante la década de 1950 hubo un color que plagó los lienzos del pintor irlandés-británico Francis Bacon: el verde ftalo. Las imágenes figurativas que creó durante ese período muestran el uso de este color sintético junto con el blanco y el negro, entre otros colores de su paleta. Aunque en el último lapso de su vida el tono tan popular desapareció de su obra.
El verde ftalo fue, de hecho, el color que reemplazó a otro de la paleta de Bacon. “Antes de la Segunda Guerra Mundial, el pigmento verde viridián (óxido de cromo hidratado) se fabricaba en Alemania y se utilizaba ampliamente en la pintura artística y en la industria de pinturas y revestimientos. Cuando se introdujo, a mediados del siglo XIX, viridián reemplazó a un color tóxico de arsénico, el verde esmeralda. La paleta de Bacon, como la de los pintores durante casi cien años, incluía viridián para verdes apagados y amarillos fríos”, escribió la artista y escritora Martha Bergman.
Sin embargo, la razón por la cual el verde ftalo se encuentra más en las obras de finales de los 50 de Bacon tiene que ver más con la accesibilidad, que con las características que este aportaba. De acuerdo con Bergman, el artista probablemente no habría encontrado un tubo de la pintura viridián durante la escasez que supuso el fin de la guerra para Alemania, en cuanto a la fabricación de pigmentos, por lo que el verde ftalo fue la alternativa fácil y preferida en adelante.
“Después de estar acostumbrado a los colores verdes con un poder de tinte moderadamente bajo, cambiar al increíblemente alto poder de tinte del verde ftalo probablemente requirió algo de práctica. Francis Bacon tuvo que experimentar el verdadero verde oscuro como un velo de un color que se acercaba casi demasiado al azul, ese lugar donde consume toda la calidez de la luz dentro de las capas pictóricas. Él se inspiró en este verde que parece utilizar para aumentar la sensación de duda y malestar en sus cuadros”, aseguró Bergman.