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El mundo está en deuda con Mijaíl Gorbachov

01 de septiembre de 2022 – 12:00 a. m.
-FOTODELDÍA- MOSCÚ, 31/08/2022.- Flores depositadas frente a un retrato del difunto ex presidente soviético Mijail Gorbachov en su oficina en la sede de la Fundación Gorbachov en Moscú, Rusia, este miércoles. El ex líder soviético Mijaíl Gorbachov falleció el 30 de agosto de 2022 a la edad de 91 años, según un comunicado del Hospital Clínico Central de Moscú. Gorbachov inició numerosas reformas durante su mandato. Firmó un tratado de armas nucleares con Estados Unidos y retiró a la Unión Soviética de la guerra soviético-afgana. Sus políticas crearon la libertad de expresión y de prensa, y descentralizaron la planificación y ejecución de la política fiscal para aumentar la eficacia. EFE/ Maxim Shipenkov
Tal vez sería buena idea recordar cómo Gorbachov y otros líderes nos alejaron del abismo en el pasado.
Foto: EFE - MAXIM SHIPENKOV

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Mijaíl Gorbachov fue un alivio inesperado (y pasajero) para un mundo al borde del abismo nuclear. En 1985 llegó de manera inesperada a dirigir la Unión Soviética, reemplazando al estalinista Konstantín Chernenko. Con sus 54 años, Gorbachov había visto un imperio en decadencia y no en Occidente, como decían todos sus antecesores, sino en su propio territorio. Tomó entonces la decisión valiente de reformar lo que parecía inamovible, abrir su país, acercarse al resto del mundo y apostarle a la paz. Aunque hoy Rusia está de nuevo bajo un autoritarismo muy similar a los que despreció Gorbachov en vida, su intervención en la historia de la humanidad fue clave para evitar una catástrofe.

Es difícil no leer a Gorbachov –quien acaba de morir a sus 91 años– en clave de la Rusia de Vladimir Putin. Por donde se le mire, la deriva autoritaria de su país en la actualidad es un rechazo directo a los principios de las reformas que puso en marcha el líder soviético. En 2006, Gorbachov dijo: “Quienes creen que Putin tiene tendencias autoritarias están equivocados”. Después, con los años, terminaría en una ambivalencia ante el líder ruso, a veces criticando, otras apoyándolo y finalmente guardando silencios ante sus avanzadas militares. Mientras tanto, Putin culpa a Gorbachov del peor desastre geopolítico para él, que fue la desintegración de la Unión Soviética. Las últimas décadas, entonces, no fueron amables para el legado del exlíder ruso.

Aun así, es un error centrarse en la difícil situación que enfrenta el mundo en este momento. Cuando llegó al poder, Gorbachov vio una Guerra Fría que amenazaba con la destrucción mutua entre Occidente y la Unión Soviética. Más importante aún, observó cómo los ciudadanos de sus territorios estaban asfixiados por la falta de una economía sólida, por la persecución a opositores, por el relato único del Partido Comunista, por las mentiras y el dolor no reconocidos. Algo tenía que cambiar para romper el estancamiento, para bajarle la tensión al mundo. Y en los valores democráticos, otrora demonizados por la propaganda del partido, encontró la clave para darle una nueva oportunidad a la Unión Soviética.

Claro, la Unión caería después de su mandato, algo de lo que él culpó a la falta de voluntad democrática de Boris Yeltsin, su sucesor. Pero lo que sí logró con la reconstrucción (perestroika) y la apertura (glasnost) fue acabar con la Guerra Fría (lo que le valió un justo Nobel de Paz en 1990), revitalizar la economía, abrir espacio a partidos de oposición y liberar a prisioneros políticos, establecer mecanismos democráticos, debilitar la omnipotencia de su propio Partido Comunista y abrir conversaciones sobre los crímenes de gobiernos comunistas pasados. Para ese momento histórico, Gorbachov fue esencial en construir el sueño de que quizás las democracias liberales podrían traer muchos años de paz y prosperidad a las naciones del mundo. Nos ayudó a abandonar la idea de una guerra perpetua.

El mundo, entonces, está en deuda con Gorbachov. A los fracasos que vendrían se suma que estamos en una nueva crisis, en la que la democracia liberal muestra su vulnerabilidad ante los autoritarismos y los tambores de guerra. La humanidad está en otro momento crítico; tal vez sería buena idea recordar cómo Gorbachov y otros líderes nos alejaron del abismo en el pasado.

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