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El anuncio del codirector del liberalismo, Horacio Serpa, de que el Partido Liberal se apartará de la Unidad Nacional porque no se siente bien representado en el nuevo gabinete, y será independiente y crítico frente al Gobierno, no obstante que apoyará el proceso de paz, es, sencillamente, una confesión de que a los partidos y a la clase política les importan los puestos, no los programas, no las ideas, no las ejecuciones, no lo colectivo, sino lo individual.
¡Pero eso no debe sorprendernos si a mediados del siglo pasado murieron de violencia 300.000 colombianos enfrentados por la tierra y por los puestos en esa guerra a muerte que concluyó, precisamente, con el Frente Nacional, un pacto burocrático que estableció la alternación del liberalismo y del conservatismo en el poder, y la repartición por mitad de la torta burocrática! Entonces, si se nombraba un portero liberal, había que nombrar otro portero conservador. Y fue así como, en la práctica, se formó un partido único que excluyó a otras fuerzas, como el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) y la izquierda, muchos de cuyos líderes acabaron en la guerrilla.
Pues bien, ahora al “Gran Partido Liberal” le parece poco tener ministro del Interior, de Salud, de Comunicaciones, director de Planeación Nacional y alto consejero para el Posconflicto. Y como quiere más, y el presidente Santos no le dio el gusto de incluir en la terna para fiscal general al hoy fiscal encargado, Jorge Perdomo, lo cual hubiera sido una vergüenza y un disparate, porque hubiera implicado que el presidente es susceptible de aceptar chantajes y hubiera significado desafiar al máximo, al expresidente Uribe, quien se considera un perseguido de la desprestigiada Fiscalía de Montealegre y Perdomo, ahora hacen pataleta y dicen que se salen de la Unidad Nacional.
Y, como si esa presión fuera poca, el pobre presidente tiene que aguantarse que María Lorena Gutiérrez, su persona más cercana, entre en una especie de crisis hormonal, renuncie a su poderoso cargo de ministra de la Presidencia, empaque sus trastos y saque sus chécheres en la noche, todo porque Santos colocó en la terna de fiscal a su enemigo y antecesor, el poderoso abogado Néstor Humberto Martínez. (Ahora, si la ira de María Lorena se debió a que se sintió utilizada porque montó, o la pusieron a montar, un concurso de méritos de los candidatos a fiscal que no sirvió para nada, pues los elegidos fueron tres de los cuatro que se daban como fijos, ha debido tener la franqueza de decirlo públicamente. Entonces la opinión hubiera apoyado su renuncia).
En todo caso, de los episodios anteriores quedan claras varias cosas: una, que ya es hora de que el presidente escoja a sus colaboradores, sin presiones, como se le dé la gana. Dos, que debe establecerse que, antes de celebrar alianzas políticas, haya que realizar acuerdos programáticos que señalen el rumbo que se va a seguir: qué país se va a construir en el decenio, cómo van a manejarse la desigualdad, la inseguridad, el desarrollo agrario e industrial, la salud, la educación, el medioambiente, el bienestar de la infancia, en fin, cuál es la Colombia que soñamos. Y tres, que a la mayoría de los políticos de este país, asuntos como la nutrición de los niños, la reparación de las víctimas, la atención en los hospitales, la salud, la educación y el cumplimiento de las metas ¡les importan un carajo!